Cuando renuncias al ataque, comienzas a creer en ti. Si constantemente atacas o te sientes atacado, es porque te percibes como alguien vulnerable, y esto es precisamente, lo que te impide creer en ti. Si tu nivel de confianza en ti mismo, fuese el correcto, ningún ataque te calaría, ni tampoco tendrías la necesidad de atacar a nadie. En el momento en el que acoges la invulnerabilidad, como tu nuevo estado del Ser, nada ni nadie, podrá arremeter contra ti. 

¿Eres de los que atacan o de los que se sienten atacado?

¿Interpretas ambos papeles?

«En pleno invierno, finalmente aprendí que dentro de mi, había un verano invencible.»
(Albert Camus)

Asimismo, que renuncies al ataque, no quiere decir que rechaces tu vulnerabilidad. Ya que reconocer tus propias debilidades, es el primer paso para desatar tu fortaleza. Para cambiar cómo te sientes, debes aceptarlo primero, si no, te resultaría imposible. No somos seres perfectos, ni aspiramos a serlo. Lo que pretendemos ser, es simplemente felices con lo que somos.

Cuando embistes contra alguien, aunque te pueda parecer de otra forma, sólo estás reconociendo que te sientes inferior a él. El ataque, no tendría lugar, si no te sintieras atacado. O lo que es lo mismo, si no te sintieras inferior, o desprovisto de argumentos que reafirmen tu confianza. Si creyeras en ti, ningún ataque, te dañaría lo más mínimo, porque ya sabes que el que te ataca, es porque en realidad, se siente más vulnerable que tú. 

«Cuando la verdad sea demasiado débil, como para defenderse, tendrá que pasar al ataque.» 
(Bertolt Brecht)

La verdad sincera nunca es demasiado débil, como para defenderla. Sólo se vuelve vulnerable, cuando no se cree en ella plenamente. La debilidad se la da, el que habla de ella, sin creer en ella.

«Sin duda es mucho más fácil atacar, que defenderse.»
(Yukio Mishima)

Desconozco si es más fácil atacar que defenderse, lo que sí reconozco, es que es mucho más rápido. Además que conlleva mucho menos esfuerzo y los resultados, suelen ser bastante peores, que los de una buena defensa.

La vida no es una guerra. Es tan sólo una aventura en la que no tienes porque luchar, si no quieres. Todos los territorios están ya conquistados. Lo único que te queda por conquistar, eres tú mismo. Defenderte sin atacar es tu mejor defensa. No necesitas agredir a nadie si confías en ti al cien por cien. Porque tu mejor argumento, siempre eres tú. Y sólo cuando renuncias al ataque, comienzas a creer en ti.

«Fácil saber quién no tiene la razón, el que ataca en compensación.»
(Victor Hugo)

Y es que a pesar de creer que no tienes la razón, los demás tampoco tienen porqué saberlo. No les enseñes tus cartas antes de tiempo. Así que no ataques, ya que en el ataque se esconde tu vulnerabilidad y con ella, tu imposibilidad de creer en ti. Por lo tanto, no te queda otra, mas que renunciar al ataque, si lo que quieres, es empezar a creer en ti. 

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