«No desees que las cosas se hagan deprisa.
No te fijes en las pequeñas ventajas.
Desear que las cosas se hagan deprisa, 
impide que se hagan bien.
Fijarse en las pequeñas ventajas,
impide realizar grandes empresas».

(Confucio)

Corren tiempos en los que la paciencia parece escasear. Ya lo decía Confucio. Que estamos demasiado acostumbrados en atender a las recompensas inmediatas, o pequeñas ventajas. Sin entender, que esto no nos permitirá hacer las cosas bien. Y por lo tanto, tampoco nos permitirá realizar cosas mayores, que nos proporcionen, mejores resultados. 

¿Se puede acelerar el proceso de curación de una herida?

¿De qué manera?

Por muchos cuidados que le dediques a esa herida. El tiempo estimado del proceso, no lo eliges tú, si no la herida y sus propias circunstancias. Puedes echarte Betadine diez veces al día, si quieres. Pero el exceso de yodo, también tiene sus consecuencias, y tampoco hará que tu herida mejore antes. La duración de los procesos, no se debe manipular y cuando esto sucede, los resultados nunca son los esperados.

Sólo cuando cambies tu necesidad de que las cosas, vayan más rápido de los que son, permitirás que los resultados sean mejor de lo que esperas. Para ello solo tienes que cambiar esa necesidad, por aceptar la realidad, tal y como es. Sin intentar acelerar el propio curso se las circunstancias. Esto parece sencillo, aunque en la práctica, hay veces, que no lo es tanto. 

Piensa en la situación que estamos viviendo todos actualmente. En el «eterno confinamiento». Si intentásemos acelerar el proceso, no estaríamos permitiendo que las cosas se hicieran bien. Todos estamos deseando poder volver a la normalidad, por diferentes motivos. Aunque si todos comenzamos a salir a la calle, correríamos el riesgo, de que el virus, se volviera a descontrolar. Y es que aunque nos pese, todavía no está lo suficientemente controlado. Convirtiéndose nuestro remedio, nuevamente en enfermedad.

Tu impaciencia hace crecer tu miedo, tu estrés, tu desánimo, y por si esto fuera poco, te llena frustración. Y cuando algo se llena, puede explotar, así que cuidado. Examina tu propia vida y contempla detenidamente, cuántas veces esperas esas señales de recompensa inmediata, para ti y para los demás. Intenta contemplar las cosas desde otra perspectiva. Acepta que el tiempo que duren los procesos, no depende de ti o de tus ganas. Amplía tu visión de los hechos y busca siempre, hacer las cosas bien y no deprisa. 

Una frase de Un Curso de Milagros dice así:

«La paciencia Infinita produce resultados Inmediatos».

A simple vista, esta frase, puede resultar algo paradójica. Porque siempre que hablamos de paciencia, solemos referirnos, a esperar más tiempo, del que nos gustaría. Pero no hay mayor placer que la recompensa inmediata de la paciencia, que no es otra, que aceptar las cosas, tal y como son. La aceptación es la mayor ventaja. Tu mayor recompensa, porque te aporta una paz infinita, que ningún otro premio te puede dar. Ese es tu mayor premio, tu Paz interior.

Intentar ir en cabeza, al inicio de un juego, puede suponer, una gran desventaja. Si te colocas el primero, nada más empezar, no podrás contemplar qué sucede detrás de ti. Tampoco podrás analizar cómo lo están haciendo, el resto de oponentes. En cambio, los que van detrás de ti, sí que podrán hacerlo. Facilitando que puedan adelantarte sin problema, ya que poseen mucha más información que tú. No te apresures en ser el primero, todos llegan, cuando tienen que llegar.

Se paciente contigo y con los demás. De la misma manera que tendrás que ser paciente con tus éxitos y tus fracasos. No aspires sólo a las pequeñas ventajas, si quieres hacer grandes cosas. Aspira a encontrar tu paciencia infinita, para crear grandes empresas. Siembra, no para recoger mañana, si no para que lo recojan, los que aún no están aquí. Esto te facilitará recoger enormes y tangibles resultados. Mucho más certeros que los pequeños y efímeros resultados, de las ventajas inmediatas.

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