Las estructuras sociales de estatus y de poder, las instituciones, las tradiciones y las costumbres culturales, imprimen su influencia en cada unos de nosotros y de diferentes maneras. A simple vista puede parecer que algunos de ellos no coinciden con nuestras propias convicciones, sin embargo eso no quiere decir que no nos afecten. Las normas culturales, las aceptemos o no, también pueden ejercer un gran impacto sobre los aspectos más íntimos de las personas. 

Todo ese exceso de información y su influencia, deja patente conductas, algunas de ellas involuntarias, que sólo buscan la adaptación en lo social. Está más que demostrado que no nos comportamos de la misma manera en soledad que en grupo. La necesidad de pertenecer a algún sitio, hace que modifiquemos ciertos comportamientos si no queremos ser excluidos de ese entorno, que por otro lado nos aporta tanta seguridad. 

Grupos a los que pertenecer hay muchos y no sólo tienes que pertenecer a uno. Puedes interactuar con quién quieras y con quién mejor te sientas.Y esta necesidad de pertenecer y de sentirse aceptado nos hace entrar en conflicto en demasiadas ocasiones. Cuando nuestros propios sentimientos se confrontan con lo que se entiende por lo socialmente adecuado, se produce la mayor de las disonancias. Somos muy conscientes de lo que sentimos pero no queremos desentonar con el resto. Sólo creemos querer ser y tener, eso que alguien nos ha contado que tan bien funciona. 

¿Quieres ser «adecuado» para ser aceptado o quieres ser tú?

¿Qué pasa cuando te encuentras con alguien que hace mucho tiempo que no ves?

¿Cuáles son las preguntas que más se repiten después de las cordialidades?

¿Terminaste la carrera?

¿Ya tienes trabajo estable y casa dónde vivir?

¿Ya te casaste?

¿Piensas tener hijos?…

La vida no tiene porqué ser una lista de cosas por hacer. Cada uno es el autor de su propia vida. Si conviertes tu vida en lista, rediséñala cuidadosamente y en base a lo qué tú sientes. No te fijes en las listas de otros porque ellos no son tú. ¿Te gustaría que alguien rellenase algún punto de tu lista?. Eso sucede cuando ojeas o comparas tu lista con la de los demás. Los objetivos de los demás no son tus objetivos. Tú tienes los tuyos propios. Céntrate en ellos.

Puede ser que sin darte cuenta, hace tiempo confeccionaras una lista. Tú ya has cambiado desde entonces, ¿Sigues guiándote por esa lista obsoleta, si ya no eres el mismo?. Si haces listas que sean a cada rato porque permutamos constantemente.

¿Recuerdas la vida que querías para ti cuando eras niño?

¿Si la comparases con la que ya vives como adulto, se parecen en algo?

Busca dentro de ti. Aprende a escucharte y a ahondar en tu identidad. Enfócate en tu lista del AHORA, ni si quiera en la de mañana. Porque todo tiene su momento y su prioridad. 

¿Estás dispuesto a renunciar a lo que eres por no desentonar?




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