Hay muchos debates y opiniones a cerca del Ego. Lo solemos relacionar con la vanidad exagerada o con el narcisismo. No es que goce precisamente de un gran prestigio entre la población.

¿Por qué?

La palabra proviene del latín y significa YO. Todos portamos uno. Es una de las partes más representativas de nosotros mismos y si se hace notar es porque nos reclama algo. Algo siempre relacionado con el ser, con nuestra identidad, con nuestro YO.

Como en casi todo, si la exageración se hace dueña del propio sentimiento, esté terminará degenerando para convertirse en otra cosa. El ego nos acompaña durante toda nuestra existencia. Nos recuerda que a pesar de pertenecer a un sistema mayor, también podemos funcionar independientemente. Nos reclama atención, amor propio, aceptación de uno mismo…

Para que un sistema funcione óptimamente y a pleno rendimiento, cada una de las partes que lo componen, deben estar debidamente satisfechas. Si alguna de esas partes no se siente atendida, no rendirá de la mejor manera. Afectará a todo el sistema y perjudicará al conjunto. El sistema sería nuestra sociedad y las partes nosotros, los seres humanos.

El egoísta, el ególatra y el egocéntrico también tienen sus motivos. Forman parte de nuestro sistema, de ese sistema mayor que se retroalimenta. El egoísta que no quiere compartir o que se da preferencia ante los demás, ¿qué estará buscando?. El ególatra que se ama a sí mismo por encima de cualquiera. ¿Es tan malo amarse a sí mismo?. Y el egocéntrico que se cree el centro del universo. ¿Por qué tendrá esa necesidad de ser el protagonista?. Detrás de todos esos comportamientos hay una razón y la entendamos o no, sólo debemos respetarla.

Vemos en los demás lo que proyectamos de nosotros mismos. El ego también se proyecta. Lo que no está en nosotros no lo percibimos en los demás. Observamos en el prójimo nuestro propio reflejo. Nos buscamos todo el rato sin darnos cuenta en el otro. Creamos los espejos, ¿Para qué, más que para vernos?.

Hasta que no aceptamos el ego como propio y sólo seamos capaces de percibirlo en los demás, no desaparecerá de nuestro propio reflejo.

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