El juego de la Vida, es el mismo para todos. Sin embargo, no todos lo jugamos de la misma manera. Algunos siguen normas muy estrictas. Otros tienen dificultades para elegir la casilla de salida. Los hay incluso, que no siguen las casillas del juego, si no que crean sus propias casillas. Existen muchas maneras de jugar, como también existen muchas maneras de disfrutar jugando. Y es que todos, absolutamente todos, jugamos al mismo juego.

Imagina que nada más nacer, te entregan un tablero, con una serie de piezas, unas cartas y unos dados. Los primeros años de vida, son tus padres o tutores, los que hacen uso de tu tablero y de todos sus componentes. Mientras tanto, tú te dedicas a observar cómo se mueven las piezas en el tablero, cómo van sumando los dados y qué te van contando las cartas. 

Pero un buen día, tus padres dejan de jugar por ti y te ceden la responsabilidad para poder jugar con tu propio juego. Esto supone un gran cambio en tu vida. Moverte sólo por el tablero y jugar con las piezas, guiándote únicamente por los dados y las cartas, te convirtió en una nueva persona. Hasta entonces, habitabas escondido, entre las faldas o los pantalones de tus padres. Y a partir de ese momento, tuviste que aprender a ser tú, moviéndote sólo por un tablero desconocido.

Es cierto que no todos supieron desvincular a sus padres de su propio juego. Muchos siguen prefiriendo que sigan siendo estos, los que tiren los dados, o elijan las cartas por ellos. Otros en cambio, se tomaron tan a pecho, la responsabilidad de jugar, que se comieron hasta las piezas que representaban a sus propios padres, apartándoles del juego. Y es que a pesar de que el juego de la vida, sea el mismo para todos, existen muchas maneras de jugarlo. Como también existen diferentes tiempos, descansos o carreras, haciendo que la duración del juego, sea completamente diferente, según quién lo juegue.

Desconozco si eres de los que prefieres las prisas o la calma. Como tampoco sé, si has intentado hacer trampas para avanzar antes o saltarte esas casillas que no te agradaban del todo. Aunque lo que sí sé, es que hayas hecho lo que hayas hecho con tu tablero, eso ha marcado tu experiencia de vida, convirtiéndote en quién eres hoy.

¿Cómo crees que estás jugando al juego de la vida?

¿Te sientes orgulloso de tu avance, o por el contrario, crees que andas un tanto estancado?

Todos jugamos al mismo juego. Por tanto, tu juego puede repercutir en el mío, y el suyo en el de él. Por eso hay veces que piezas desconocidas, se vuelven imprescindibles para movernos por el tablero. Incluso puede ocurrir lo contrario, que las piezas más utilizadas, un buen día, dejen de servirnos y tengamos que prescindir de ellas. 

Hay partidas que duran poco. En cambio otras, se vuelven eternas. También existen partidas muy aburridas, como tremendamente entretenidas. Y esto depende no de quién juegue el juego, si no del espectador que lo contemple. Porque lo interesante de todo esto, es que no sólo podemos observar nuestro propio juego, si no el juego de todos los demás, ya que es el mismo juego. El juego de la vida es el mismo para todos. La partida es lo que es diferente. Porque cada uno juega, como quiere o sabe. 

Las partidas de los demás, te enseñan cómo jugar, o te dan ideas de cómo hacerlo distinto. Así mismo, a través de ellas, aprendes a conocerlos mejor y a conocerte a ti. Porque aunque no te lo parezca, los demás, son los diferentes reflejos de ti. Lo que te gusta de ellos o de sus partidas, son las partes que ya has aceptado de ti mismo. Y lo que no te gusta de lo que ves en ellos y de sus partidas, lo que te falta por aceptar. 

¿Sueles aceptar o criticar el juego de los demás?

En el caso de que seas de los que critican las partidas ajenas, 

¿Qué no has aceptado en ti?

Porque para aceptar a los demás, lo primero que debes hacer, es aceptarte. Hasta que no lo hagas, sólo conseguirás ver los defectos o las taras de los demás. Cuando en realidad, son tus propias taras las que te molestan.

El juego de la vida, es el juego de todos. Todos jugamos en él. Pero no todos lo hacemos con las mismas piezas, eligiendo las mismas cartas, sumando con los dados, el mismo resultado…Ni si quiera, aunque el tablero sea mismo, nos movemos por él, de la misma manera. Cada uno tiene su modo y cualquier modo, tiene derecho a ser. Tu propósito aquí, es jugar tu partida sin inmiscuirte en la de los demás. Te cruzarás con muchas partidas, dentro de tu propia partida.

Agradece el encuentro, aprende a conocer y a conocerte. Respeta la evolución o el avance de la partida de los demás. Tu sólo puedes marcar el ritmo de tu partida, y no el juego del resto. Dedícate a jugar con los elementos y a disfrutar del juego, antes de que se acabe tu partida, porque los demás seguirán jugando, aunque tú ya no estés. 

¿Jugamos?

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