Uno de los alimentos primordiales para el cerebro es la energía. Sin ella no funcionaría a pleno rendimiento. Y es curioso esto de la energía, porque aunque no la veamos físicamente, sí podemos sentirla. Si comenzáramos a analizar a las personas de nuestro entorno cercano, podremos señalar sin a penas problemas, cuáles son las que portan más carga energética y cuáles las que menos. Explicar en cambio, cómo hacemos para percibir esa energía ya se nos va complicando. Explicar sensaciones con palabras no es tarea fácil. Y quizás no haya que explicar nada, sólo sentirla.

Ciertas circunstancias y ciertas personas desgastan nuestra energía, dejándonos agotados. Pero…¿Qué es lo qué agota nuestra energía?. Dentro de nosotros se producen dos luchas. La primera, se afana por entender el porqué de los demás y la segunda, se siente mal por juzgar a los demás dotándoles de tal toxicidad.

¿Provocaremos nosotros esa atracción hacia lo toxico?

Reitero que el cerebro se alimenta de energía. No puede evitar sentirse tremendamente atraído hacia ella. Si encuentra la posibilidad de conseguir energía, nada lo parará hasta que sea suya. Esa es su motivación primera. Conseguir, de dónde sea, toda la energía posible.

La gente tóxica es fácilmente reconocible y no debes avergonzarte de indentificarla como tal. Cuándo compartes momentos de tu vida con ellos, enseguida aprecias conductas y patrones de quién no te gustaría ser. Puede que te enredes en el chismorreo o el en victimismo a veces. No debes juzgarte por ello. Ignoras porqué esa gente tóxica te ronda. Y pueden existir un sin fin de razones para explicarlo.

¿Y si están esperando a que les enseñes algo, mientras aprendes de ellos?

Hay personas que emanan muy buena energía y los cerebros más avispados siempre intentarán nutrirse de ella. Es decisión de esas personas permanecer al lado del vampiro energético o marcharse.

Hay veces que el malestar interno prima mucho más que las posibles decepciones ajenas y decides abandonar. En otras ocasiones, aunque haya cierto grado de incomodidad entorno a cierto individuo, lo que prevalece es la relación con el conjunto del grupo o familia. Hay que valorar si nos merece la pena seguir lidiando con lo tóxico o por el contrario disminuir el contacto con ciertas personas.

¿Te has planteado cómo cambiaría tu vida si eliminases lo tóxico?

¿Podrías descartar a algún compañero tóxico de tu entorno?

¿Cuál sería el coste?

¿Y los beneficios?

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