¿De qué está compuesta esta fuerza?. ¿De nuestra voluntad o de nuestras excusas?. ¿Es real o sólo una ilusión teñida con autojustificaciones vanas?

Cuando existe una motivación lo suficientemente potente, la fuerza viene sola. La voluntad solo necesita descubrir el para qué de lo que quieres hacer, para aparecer en escena. La fuerza la pones tú y es empujada por tu firme convicción de que la consecución de tus metas, te llevarán a donde quieres llegar.

Cuando echamos mano a este tan habitual pretexto, nuestra fuerza de voluntad, deberíamos indagar un poquito más en su contenido. Reflexionemos la última vez que lo empleamos. ¿De qué estábamos hablando?. En eso que nos gustaría hacer pero que no podemos llevarlo a cabo porque nos falta fuerza de voluntad… ¿Y qué más nos faltaba?, ¿Qué decía nuestra motivación de todo esto?. ¿Nada?. ¿La fuerza de voluntad se refiere entonces a qué no encontramos la motivación?.

No nos ponemos a estudiar, por ejemplo, no porque seamos perezosos y nos falte fuerza de voluntad. Si no porque nuestra motivación no es lo suficientemente poderosa. 

O no podemos dejar ese tan mal hábito no porque no queramos hacerlo y no tengamos fuerza de voluntad. Si no porque cuando lo consigamos, lo que supondrá eso para nosotros, no nos motiva demasiado. 

¿Se te ocurren más ejemplos?

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