¿Qué pasa cuando intentas avanzar, pisando el freno?

¿Que el coche se para?

¿Y cuando intentas acelerar con el freno de mano puesto?

Tanto si intentas avanzar, pisando el freno, como si aceleras con el freno de mano puesto, el coche se parará, impidiéndote avanzar hacia dónde quieres ir. No puedes acelerar y frenar al mismo tiempo, y si así lo haces, corres el riesgo de estropear el motor. Por lo tanto, debes decidir qué quieres hacer primero, antes de determinar hacia dónde ir, o en dónde parar. 

Aunque no puedas realizar las dos cosas a la vez. Frenar mientras avanzas, o avanzar mientras frenas. Esto no quiere decir, que sólo debas realizar una de las dos tareas. Ambas técnicas son necesarias para el correcto funcionamiento del vehículo. Y como no puedes estar frenando todo el rato, puesto que agotarás las pastillas de freno. Tampoco debes acelerar sin parar, porque te quedarás sin combustible y para repostar, hay que hacerlo con el vehículo parado. Por eso cada faena, tiene su cometido y que no se puedan realizar al mismo tiempo, no significa que ambas tareas, no se deban realizar.

Cuando un coche está parado durante mucho tiempo. A la hora de arrancarlo, no podrá arrancar. La batería se habrá descargado, imposibilitando así, encender el motor. Esto no sólo sucede con los coches. Cualquier aparato eléctrico o electrónico, se comporta de la misma manera. Ya que un uso excesivo o un escaso uso, puede acabar con la vida de cualquier dispositivo. 

¿No sucede lo mismo con tu mente, o incluso con tu cuerpo?

Si optas por disminuir tu actividad física, tu cuerpo se resentirá, ya que se irá atrofiando poco a poco. Lo mismo sucede con tu cerebro si reduces su actividad, se debilitará afectando así, a muchas de sus regiones. Mermando tu memoria, tu agilidad mental, e incluso, tu capacidad cognitiva. 

¿Y qué pasa cuando los sobre-estimulas? 

¿Que también se resienten? 

Cuando tu actividad mental es excesiva, el cerebro suele responderte con fuertes dolores de cabeza, con malestares emocionales, con desequilibrios en tus estados de ánimo, inclusive hay veces, que llega hasta a somatizar en tu propio cuerpo. Igualmente ocurre cuando hiper-estimulas tu cuerpo. El agotamiento físico se hace notar enseguida, provocando infinidad de dolencias corporales, producidas por ese exceso de actividad física, pudiendo, de la misma manera, afectar a tu mente.

Además del alimento, la energía es el combustible de tu mente y de tu cuerpo. Si te quedas desprovisto de ella, ninguno de los dos, podrán funcionar a pleno rendimiento. Por ello es muy importante que no te excedas, ni el frenado constante, ni en la aceleración prolongada. Parafraseando a Aristóteles, en el término medio está la virtud. 

Si quieres avanzar, avanza con calma y no a toda prisa. Recuerda que tendrás que parar a repostar, de vez en cuando. Ya que ni tú, ni tu coche, pueden acelerar con el depósito vacío. Tampoco frenes, mientras avanzas. Hazlo a diferentes tiempos, no al mismo tiempo. Deberás hacer varios «stops» en el camino. Y cuando tengas claro hacia dónde te quieres dirigir, no dejes que las dudas o la incertidumbre, se interpongan entre tú y tus sueños.

Suéltate del pasado, ya que lo que ocurrió en él, no importa ahora. Cada camino es diferente, como tú, que ya no eres el mismo que en el pasado. Querer avanzar, mientras te aferras al pasado, es como querer acelerar pisando el freno. 

Detente para analizar la situación y mirar el mapa. Avanza con el análisis hecho y con un nuevo plan de acción. Pero no intentes avanzar, pisando el freno, ni frenar bruscamente, mientras aceleras. Porque los derrapes pueden ser muy peligrosos y pueden sacarte del camino.

«A veces uno sabe que se va a estrellar, y acelera»
(Anónimo)

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