¿Cuándo fue la última vez que jugaste como un niño?

¿Recuerdas cómo lo hacías?

¿Para qué crees que empiezas a jugar desde pequeño?

¿Será un ensayo para nuestra vida adulta?

¿No es la vida, un juego, tu juego?

El juego es algo que está presente en todas las especies. Es una herramienta enriquecedora para nuestro cerebro e imprescindible para la formación de nuevas conexiones neuronales. Jugamos incluso entre especies. ¿No juegas con tu querida mascota?. También en la naturaleza se acontecen espontáneas relaciones entre diferentes especies, basadas en el juego. Jugamos para aprender, mientras nos desarrollamos intelectualmente. Jugamos para adaptarnos al entorno, adquiriendo habilidades muy valiosas que facilitarán nuestras relaciones sociales. Es una actividad placentera que nos ayuda a crear vínculos sociales, haciéndonos más inteligentes, empáticos y amables.

El niño juega todo el rato, es su forma de conocer el mundo. Juega a solas con amigos de plástico o avatares y en grupo con amigos de carne y hueso. Mientras disfruta del momento y desarrolla su creatividad, aprende a compartir, negociar y a resolver conflictos. Existen estudios que indican que no jugar lo suficiente o la privación de tal actividad, puede afectar al desarrollo físico, cognitivo, emocional y social en los niños. Sin el juego, pueden darse ciertos trastornos en el aprendizaje, carencias emocionales y falta de habilidades sociales. También puntualizan que las actividades al aire libre y con cierta implicación física, favorecen a todo el sistema nervioso a equilibrar, a través de procesos químicos, el estado anímico de los más pequeños. Los beneficios del juego son indiscutibles, lo que quizás sí se pueda discutir es:

¿Por qué dejamos de jugar en la edad adulta?

¿Cuándo dimos por zanjado el juego?

Maduramos y nos hicimos más serios. Sólo jugamos muy de vez en cuando, sin recordar sus beneficios. Algunas veces ni si quiera jugamos para aprender y compartir, si no para ganar, obviando el proceso y la finalidad de este. Quizás, en la edad adulta confundamos su significado y su valor. O tal vez, pensemos que los adultos no juegan, que eso es cosa, sólo de niños y que cuando así lo hacen, no comparten, precisamente las intenciones de los más pequeños. El niño sólo conoce un tipo de juego. El que facilita y no limita. El que te enseña mientras te expande, ampliando tu realidad. El que divierte a todas las partes. Ese que cuando lo piensas, hace que esboces una sonrisa y te llena de entusiasmo.

Tu niño interior nunca te abandona, se mantiene esperando a que vuelvas a jugar con él, como lo hacías antes. Las responsabilidades y la falta de tiempo no pueden ser las excusas que elijas para ignorarlo. Tu nostalgia, es la suya y lo único que te pide es que vuelvas a jugar.

¿Jugamos?

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