La mejor vitamina para recuperar tu autoestima, está en tu memoria. El mejor analgésico, consiste en redirigir tu atención. Recordar quién eras con autoestima, mientras te reconoces con todos los recursos y virtudes con los que te identificabas en tu pasado, puede ayudarte a reconciliarte contigo. Enfocarte en lo que ya tienes y con lo que cuentas, es el mejor calmante, para paliar el dolor, por no quererte lo suficiente.

La autoestima es la estima o el aprecio que tienes hacia tu propia persona.

¿Te quieres?

¿Cuánto te quieres?

¿Lo suficiente como para soportar que los demás no te quieran, o lo justo, para no soportar que los demás tampoco te quieran?

El amor hacia uno mismo es un referente imprescindible que determina el cómo te relacionas con tu entorno. Si tu autoestima es lo suficientemente alta, poco te importará lo que tu entorno piense a cerca de ti. En cambio si sufres de baja autoestima, las críticas y los juicios que recibas de ese entorno, no los recibirás favorablemente, además que influirán negativamente en tu propia persona. Es decir, que dependiendo de cómo interpretes, lo que tu entorno tenga que decir de ti, esto decretará, si te quieres lo suficiente o no.

Asimismo, es evidente, que el cómo te relacionas con los demás, tiene mucho que ver, con el cómo te relacionas, tú, contigo. Los pensamientos que tengas a cerca de tu propia persona o lo que pienses a cerca de tus aptitudes, determinarán también, la clase de relación que mantienes con el resto.

¿Si tuvieras que definirte en breves palabras, qué dirías de ti?

Antes de contestar, recuerda que la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Así que repasa tranquilamente tu vida y con ella tus experiencias más representativas. No te centres sólo en lo que sientes hoy, porque no siempre, te has sentido como te sientes hoy.

Por tanto, piensa primero en tu entorno físico, esto es, tu cuerpo y tu persona el general, para más tarde pensar en cuáles son las cualidades o aptitudes que te hacen tan especial.

Puedes hacer dos listas, cuanto más largas mejor. Una para definirte como persona, tanto en lo externo, como en lo interno y la otra para definir tus aptitudes más representativas.

¿Qué prima en ambas listas?

¿Lo bueno o lo malo?

¿Crees que están centradas en tus defectos o en tus virtudes?

¿En tus talentos o en tus carencias?

Así pues, puede que haya un compendio de ambas, o lo que es lo mismo, que haya tanto defectos, como virtudes, o tanto talentos como carencias. Pero si en ambas listas priman los defectos, o tus carencias, cuanto antes empieces a trabajar en tu autoestima, mejor que mejor.

Cuando tienes alta autoestima, referida a tu persona:

– Aprecias tu cuerpo.
– Te gustan tus cualidades.
– No necesitas compararte con los demás.
– Aceptas tu originalidad.
– Te consideras querido por tu entorno.
– Haces observaciones positivas a cerca de tu propia persona.
– Aceptas las críticas de los demás y aprendes de ellas.
– Te consuelas a ti mismo cuando es necesario.
– Rechazas las falsas identificaciones que otros te atribuyen.
– Te mantienes firme y seguro de ti mismo.
– Asumes tus emociones, permitiéndote expresarlas.
– Sabes tomar decisiones.

Si no cumples todos los requisitos de la lista anterior, tampoco pasa nada. Muchas veces, lo único que hay que hacer, antes de lamentarse y flagelarse por no dar la talla, es hacerse las preguntas adecuadas:

¿Qué es lo que más aprecias de tu cuerpo?
¿Cuáles son las cualidades que te hacen sentirte orgulloso?
¿Qué es lo que más te gusta de tu originalidad?
¿Quién te quiere más de tu entorno?
¿Qué es lo más positivo que tienes que decirte?
¿Con qué crítica o con qué juicio recibido, has aprendido más?
¿Si tuvieras que consolar o aliviar a alguien que estuviera en tu misma situación, que le dirías?
¿En qué te sientes seguro y en qué tienes confianza?
¿Qué emociones o sentimientos no te importa expresar?
¿Cuál ha sido la decisión que más te ha costado tomar y que más te ha reportado?

Es casi imposible hacerlo todo mal, o no quererse en absoluto. Hay muchas cosas que haces bien, por las cuales puedes quererte con locura por ello. Recuerda que no tienes que ser perfecto, si no completo y feliz. Tu atención lo es todo, y si sólo te centras en lo que haces mal, seguirás haciéndolo mal. En cambio si te centras en lo que haces bien y en que puedes hacerlo mejor, sólo podrás mejorar.

Por otro lado, existe otra clase de autoestima, la referida a tus propias aptitudes. Y cuando tienes alta autoestima, en cuanto a tus aptitudes se refiere:

– Confías en tu capacidad y habilidades.
– Adoptas una visión positiva de tus proyectos.
– Perseveras a pesar de los obstáculos y de los fracasos.
– Confías en tu éxito.
– Asumes riesgos.
– Recuerdas logros o triunfos pasados.
– Aceptas felicitaciones o cumplidos ajenos.
– Te estimulan las nuevas experiencias.
– Confías en estar a la altura de las circunstancias.
– Pides ayuda cuando la necesitas y esperas recibirla.
– Te marcas desafíos o te desafías.
– Te sientes animado, después de tus éxitos.

Como apuntaba antes, tras la lista anterior, quizás no te sientas identificado ahora, con todas las características de esta nueva lista referida a tus aptitudes. Para ello, te facilitaré ciertas preguntas para ayudarte a cambiar tu perspectiva.

¿Cuál de todas tus capacidades, son en las que más confías?
¿En qué has sido tremendamente perseverante y eso te ha llevado al éxito?
¿Cuál es tu visión más positiva a cerca de lo que tienes entre manos?
¿En qué has arriesgado, que ha excedido tus expectativas?
¿De qué logro o triunfo te sientes más orgulloso?
¿Cuál ha sido la felicitación o el cumplido que más te ha llegado, de todos los recibidos?
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste a una nueva experiencia y esta te sorprendió gratamente?
¿Cuántas veces te has demostrado ya, que sí que estabas a la altura de las circunstancias?
¿Cuando pides ayuda, y te permites que los demás te ayuden, a quién más ayudas?
¿Cuál fue tu último desafío que llegó a buen puerto?
¿El éxito que más orgulloso y animado te ha hecho sentir, cuál ha sido?

La memoria, muchas veces, te juega malas pasadas. Y es que la memoria, siempre está influenciada por tu atención o por lo que decidas atender. Enfocarte en lo que no tienes, o en lo que te falta, no te facilitará conseguirlo. Por el contrario, si atiendes a lo que ya has conseguido y cómo lo has hecho, esto te puede dar ideas, de cómo alcanzar tus nuevas metas y propósitos. Enfócate en lo que ya tienes, y en qué te hizo lograrlo. Porque esos recursos, son las aptitudes con las que ya cuentas, y las que de verdad, hablan de ti. Por consiguiente, la mejor vitamina para recuperar tu autoestima está en tu memoria. Como el mejor analgésico consiste en redirigir tu atención.

¿Cuántas veces en tu niñez, te planteaste si te querías lo suficiente o no?

¿Cuántas veces desconfiaste de tus capacidades?

¿Si lo hubieses hecho, habrías llegado hasta donde has llegado hoy?

¿Crees que si un niño renunciase a caminar, por su primera caída, aprendería a caminar?

Fueron muchas las caídas, antes de que pudieras perfeccionar el arte de caminar. Pero lo recuerdes o no, en aquel entonces, no dudabas de ti, ni de tus capacidades. Sabías y confiabas que podías hacerlo. Tampoco le dabas importancia a tu físico, ni te comparabas con los demás niños. Sentías tus emociones y las expresadas al momento. Vivías en el aquí y en el ahora, sin preguntarte qué pasó antes, ni qué pasará después. Te amabas por encima de todo. Y lucías espléndido y lleno de vida.

¿Y hoy, qué ha cambiado?

¿En qué has cambiado?

Recuerda quién fuiste, y enfócate en quién quieres ser. Ama al niño que fuiste y recuerda lo que quería ser.

Ámate para amar y recuerda para sanar. Porque la mejor vitamina para recuperar tu Autoestima, siempre eres tú.

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