Acabas de abrir tus ojos y sin saber muy bien porqué te encuentras en una habitación desconocida. Estás sentado cómodamente sobre una silla de madera. Al fondo de la estancia se puede percibir una gran puerta cerrada. Pasan los minutos y a pesar del desconcierto, no parece que tengas intención de levantarte. Te sientes a gusto y relajado.

Tras numerosas suposiciones y pensamientos vanos. Te percatas que tus necesidades fisiológicas se hacen notar. Debes ir al baño. Desconoces el tiempo que llevas ahí pero la necesidad impera y no puedes aguantarte más. Después de inspeccionar toda la habitación, supones que la salida estará detrás de la puerta. Te aproximas a ella, haces girar el pomo, pero no se abre. Al principio pacientemente y con apenas angustia, pruebas de varias maneras, sin conseguir nada. La puerta se resiste y poco a poco te vas sintiendo cada vez más nervioso.

Todos tus empeños están ahora focalizados en abrir esa puerta. Ahora tienes un nuevo objetivo, abrir la puerta pero no lo consigues. Te frustras, te cabreas contigo y con la puerta, lloras de impotencia, te invade el miedo y llega el bloqueo. ¿Recuerdas cuál era el objetivo inicial?. Encontrar un baño para así poder atender tus necesidades. ¿Lo tienes presente ahora que estás con otra cosa o simplemente estás mal enfocado?.

El objetivo que prima es el de ir al baño. Pocas veces se consiguen resultados inmediatos. Es necesario cumplir un proceso. Antes de lograr nuestro objetivo nos podemos encontrar con diferentes escollos que ralenticen la consecución de ese proceso. ¿De qué te sirve entonces frustrarte con la puerta?. Deja de enfocarte en el problema y visualiza tu objetivo y para qué lo quieres.

Es cierto que la puerta está cerrada. Es probable que para conseguir ir al baño tengas que atravesarla. Sin embargo no lo sabes con certeza, sólo lo supones. ¿Es tu única salida?, ¿La puerta? ¿Qué llevas en los bolsillos, una llave, el móvil…?. ¿No podrías llamar a alguien que te eche una mano?. O quizás se te pueda ocurrir que detrás de una puerta siempre hay algo. ¿Y tocar en la puerta, habrá alguien al otro lado?.

En ningún momento en mi descripción de la situación, incluí limitaciones o te indiqué que estuvieras desprovisto de los recursos que te acompañan en tu día a día. Sólo pinté una puerta cerrada. Los muros los creaste tú. Las posibilidades estaban ahí aunque no lograste percibirlas. Alimentar al problema sólo lo hará más grande. Y muchas veces la solución es mucho más fácil de cómo la planteamos.

¿La abrimos?

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