¿Qué es lo que más temes, en este momento?

¿A una «corona vírica», convertida en «enfermedad epidémica»?

¿Y es ella la que te da miedo, o lo que piensas de ella?

Las cosas por sí solas, no son las que causan tu miedo, tu angustia, tu frustración o tu descontento. Son los pensamientos que decides emplear, los que dan forma a ese malestar. Todo lo que te sucede, depende de la interpretación que haces de lo que te pasa. Como percibes lo de fuera, te percibes por dentro. Si atiendes a la destrucción de fuera, ya sabes, como te vas a sentir en tu interior. Esta experiencia, la estamos viviendo todos, y es que no todos, la vivimos de la misma manera.

¿Tú cómo la estás viviendo?

¿Y en qué estás pensando?

Me atrevo a decir, que habrá días, en los que ni te apetece hacer el esfuerzo, para mejorar la experiencia. Y es que no tienes que hacer nada, si no quieres. Sin embargo es importante que entiendas, que cuando las circunstancias exteriores no se pueden cambiar, es hora de cambiar lo de dentro. Tu interior depende sólo de ti, como tu transformación. Y es que nadie puede hacerte cambiar, si tú no quieres hacerlo. Asimismo, si nadie puede, tampoco nada, de lo que esté fuera. A no ser, que le cedas tu poder, a los acontecimientos, que de ti no dependen.

¿Por qué te empeñas en controlar antes lo de fuera, que lo dentro?

¿Sabes que es así, como te descontrolas?

Aunque no te lo parezca, el origen o la raíz del descontento, siempre es interna. Independientemente de lo que suceda fuera. Si estás feliz contigo, en cualquier espacio, hasta en el más nefasto, encontrarás tu propia dicha. Sin embargo, si sigues cargando con tu infelicidad, está te acompañará fielmente, hacia dónde decidas dirigirte. El júbilo o la plenitud, también son fieles compañeros, aunque si no los atiendes, tampoco ellos a ti. Presta atención a lo que te hace feliz. Disfruta de ti, contigo. Son los mejores momentos. No esperes a que sean los demás, lo que te regalen esos momentos. Los demás son responsables de sí mismos, no de ti.

¿Aceptas tu responsabilidad?

Tu armonía, no la vas a encontrar nunca fuera, porque su origen está en tu interior. Si tú estás en paz, las guerras de fuera, no te podrán lastimar lo más mínimo. En cambio si no lo estás, no cesarás de batallar contigo y con los demás, en las más absurdas contiendas. Hasta que no te reconcilies contiguo, seguirás viendo villanos, dónde no los hay. Tu peor enemigo, no es el que está fuera, si no dentro de ti.

Pese a tus malos ratos, en relación con lo que percibes de fuera. Seguro que también disfrutas de momentos de más claridad, aunque sean breves. No puedes olvidar, que hay infinidad de colores con los que pintar tus días. No tienes porqué elegir siempre la misma escala de grises. Combina los colores. Cambia de luz. Ilumina tu experiencia con otros pensamientos, más coloridos y acordes con lo que quieras sentir, en ese momento. O deja tu lienzo en blanco. En el blanco, se esconden todas las tonalidades. Aprende a controlar primero lo de dentro, y ya verás como lo de fuera se va ordenando solo.

¿Has probado a cambiar de actitud, a cambiar tu foco?

¿O prefieres seguir alimentando eso, que tanto daño te hace?

Existen dos estrategias para mejorar tu experiencia de lo que está pasando, y así ganar en calidad de vida. La primera de ellas, consiste en adaptar tu exterior, para que se corresponda con tus metas. Es decir, hacer pequeños cambios en tu entorno, que te hagan sentirte mejor. Imagina, por ejemplo, que quieres ganar seguridad, ya que te sientes inseguro en tu ambiente próximo. Para ello puedes optar por cambiar la cerradura de tu puerta principal, colocar rejas en las ventanas de tu casa, cambiar de barrio, o incluso, si todo esto no te convence, puedes hasta conseguir un arma de fuego para preservar esa seguridad, que crees que te falta.

¿Qué te parecen estás opciones?

¿Favorecerían a tu seguridad física, o por el contrario, sólo te recordarían tu incapacidad, para sentirte más protegido en tu entorno?

Puede que no temas por tu seguridad física, aunque sí, por tu seguridad económica. Imagina ahora, que como al Rey Midas, los Dioses, se ponen en contacto contigo, y te comunican que les apetece concederte un deseo. Tú como el Rey, les pides que te gustaría ser el hombre o la mujer, más rica del mundo, para no tener que preocuparte más, por ese tipo de seguridad. Y que para ello, tu deseo consistiría, en que todo lo que tocases, se convirtiera en oro puro.

¿Recuerdas cuál fue el desenlace de este Rey, tan ambicioso y tan poco perspicaz?

Que murió siendo el hombre más rico del mundo, pero sin nada que poder llevarse a la boca para comer, ni beber. También murió solo, sin gente a su alrededor, porque tocara, lo que tocara, todo se convertía en oro puro.

¿Te gustaría este tipo de desenlace para ti?

El hecho de buscar tu Seguridad, en lo de fuera, puede que refuerce, algo tu seguridad interna. Pero nunca conseguirá mejorarla del todo. Si no trabajas directamente en ella, siempre habrá algo nuevo que modificar en el exterior. Da igual si ansías, la fama, el dinero, el éxito, el poder, la belleza…todo esto lo único que te proporcionará será pequeñas recompensas. Y las recompensas son efímeras y muy superficiales. Estas no te harán alcanzar la felicidad, sólo te proporcionarán placer vano y fútil.

¿Crees que las recompensas pueden atraer tu felicidad?

¿O que tu Felicidad es la recompensa, que más te compensa?

Ya que cambiar lo externo, no transforma por completo tu interior. Creo que ya te puedes ir imaginando, cuál es la segunda estrategia. No es otra cosa, más que cambiar la calidad de tu experiencia. Esto es, cambiar lo que piensas de ella. Modificar tus pensamientos, para que estos se adapten a lo de fuera. Así podrás trabajar en equipo junto con tus pensamientos y alcanzar definitivamente, lo que de veras, quieres conseguir; que no es otra cosa, más que tu propia felicidad.

«Cuando la situación es buena, disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate». (Viktor Frankl).

«Nosotros siempre estamos luchando por vivir, pero nunca vivimos». (Raph Waldo Emerson)

¿Contra quién luchas, cuando te resistes?

¿Contra la Vida?

¿Y quién gana a la Vida, si no la vives?

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