Lo que piensas, se convierte en tu experiencia y por tanto en tu realidad. Tus pensamientos provienen de tu mente, en cambio tus sentimientos, no los sientes en tu cerebro, si no en el cuerpo. El cuerpo interpreta, lo que la mente imagina. Y es que el cerebro no distingue entre lo que es real o imaginario. Todo pensamiento que se reproduce en tu mente, para tu cerebro es auténtico. No necesita interactuar con ningún entorno físico para creerse lo que piensas. Con tan sólo pensarlo, es capaz de producir un cambio en lo que sientes.

¿Cuando piensas, sientes?

¿Y mientras sientes, piensas?

¿Quién dirige a quién, tu pensamiento o lo que sientes?

A simple vista, puede parecer que es el pensamiento el que toma el control de tus experiencias. Ya que todo pensamiento, provoca una reacción en ti, es decir un sentimiento. Sin embargo después de sentir, 

¿Vuelves a pensar?

¿O por el contrario, te quedas atrapado en esa emoción?

Cuando tus sentimientos se convierten en tu manera de pensar, o si eres incapaz de superar eso que sientes, o cómo te sientes, no habrá transformación en ti. Quedándote atrapado en la emoción. Si no «repiensas» o vuelves a pensar de manera diferente, eso que sientes, no podrás cambiarlo, ni cambiar. Es decir, que quién lo dirige todo, es tu emoción, que lo proyecta en tu cuerpo. El pensamiento o tu razón, es quién te puede ayudar a salir de ella y por ende, quién provoca tu transformación. Por eso lo que piensas, se convierte en tu experiencia, porque tu emoción, o lo que sientes, lo hace real.

Cuando refuerzas lo que sientes, a través del pensamiento, te conviertes en eso que sientes. Pudiendo entrar en un bucle agotador. No todo lo que piensas es acertado, como no todo lo que sientes es agradable. Y es que cambiar, es pensar más allá de lo que sientes. No dejarte llevar por tus emociones. Para eso está la razón. Si no existiera, con sentir tendrías suficiente, aunque no podrías evolucionar. Me repito, no todo lo que piensas o lo que sientes es acertado. Hay veces que crees sentir cosas, certeras sólo en apariencia. 

Imagina que te peleas con alguien a quién amas. Dejándote llevar por la emoción del momento, le dices cosas que no quieres decir. Estás tan enfrascado en tu emoción, que tus pensamientos no te acompañan. Habrá veces, en las que podrás revertir la situación, a través de tu perdón. Aunque también lo que puede pasar, es que tu perdón no sea bien recibido. Porque si esa persona actúa de la misma manera que tú, y se deja llevar por el dolor, esto es, por la emoción que siente, puede que la pierdas. Cuando actúas con la emoción equivocada, puedes hacer cosas, que no quieres hacer. Al no pensar antes de hablar, puedes cometer el peor de los errores, lastimar a un ser querido, que no tiene culpa ninguna, por como tú te sientes. No permitas que tu experiencia la domine una emoción equivocada, si no tu pensamiento coherente. 

Imagina ahora, que deseas algo con todas tus ganas. Puede ser algo material, o alguien físico. Crees sentirlo, porque así lo deseas. Aunque tu parte más racional, siente ciertas dudas, miedo o incluso, desconfianza, de poder conseguirlo. Es decir, que tampoco hay congruencia, entre eso que deseas, o crees sentir y lo que piensas.

¿Quién creó esa apariencia?

¿Un pensamiento, tu imaginación?

Desconfía de todo lo que piensas y por tanto, también de lo que sientes. Vuelve a pensarlo. Porque si lo que piensas se convierte en tu experiencia, tendrás que pensarlo muy bien y las veces que sean necesarias.
Utiliza tu razón como recurso, que para eso la tienes. Hay veces que tus fantasías pueden jugarte muy malas pasadas. Para encontrar la certeza de las cosas, no sólo puedes escuchar a lo que sientes. Porque tú razón puede no estar de acuerdo. Y si no trabajan en equipo, o no hay coherencia entre ellas, tampoco la habrá en ti, ni en tus acciones.

Tu verdad no requiere vigilancia, tus ilusiones sí. No confundas los deseos vanos, con la verdad. Y es que no todo lo que deseas, es tu verdad, o de verdad. Lo que es de verdad, la razón también lo sabe, o lo siente, no existen dudas en ella. Las dudas lo único que te indican, es que te lo tienes que volver a pensar.

«El hombre libre es el que no teme ir hasta el final de su pensamiento.»
(León Blum)

«No hay pensamientos peligrosos, el pensamiento es el peligroso.»
(Hannah Arendt)

«A menos pensamiento, pensamiento más tiránico y absorbente.»
(Miguel de Unamuno)

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