No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Porque entre lo que aparentas y lo que quieres ser, estás tú. Tu verdadero yo. El que se debate entre si aparentar, ser mejor persona, o seguir siendo el mismo, tanto a solas, como en grupo.

¿Cuántos «yo» escondes, y cuál es el real?

¿Con cuál te sientes como en casa?

¿A quién se lo muestras?

Si tuvieses que hacer una lista con las cualidades que mejor te definen, seguro que la completas, tanto con tus mejores características, como con las singularidades menos buenas de ti. De todos esos rasgos elegidos para definirte, dispondrás de algunos que te gustaría transformar, sin embargo tendrás otros muchos, que te enorgullecen, y por tanto no querrás cambiar. Te invito a que confecciones las listas. Ya que para mejorar lo que eres, tendrás que conocer primero, quién crees que eres.

La primera de las listas, la tendrás que completar con lo que aparentas ser. Es decir con la fachada o máscara que muestras al exterior. La identidad que proyectas hacia tu entorno. Lo que quieres que vean y digan de ti. Tu «Yo» ideal para el mundo.

¿La tienes?

En contraposición, la segunda lista estará compuesta por tus rasgos personales y más íntimos. Precisamente esos que continuamente, escondes a tu entorno. En ella anotarás cómo te sientes, quién eres en realidad, cómo eres por dentro y Tu «Yo» ideal para ti, que no para el mundo.

Ahora me gustaría que comparases ambas listas.

¿Qué has descubierto?

Si ahora te preguntase, que entre tanta característica,

¿Quién te gustaría ser?

¿Cuál sería tu elección?

Es probable que selecciones los rasgos que mejor te hacen sentir, de ambas listas. Y que la nueva lista esté compuesta tanto por cualidades de la primera lista, como de la segunda. También puede pasar, que no quieras prescindir de tu máscara social y prefieras, seguir ocultando tu ser, entre apariencias.

¿Qué dicen tus listas de ti?

¿Qué dices tú, de tus listas?

«Somos engañados por la apariencia de la verdad.»
(Horacio)

Decidas lo que decidas ser, ten en cuenta, que eres tú, quién convives contigo, todo el tiempo. Como cuando estás a solas, no ocultas nada, tampoco tienes porqué ocultarlo cuando estás rodeado de gente. Mentirse a sí mismo y a los demás, promueve demasiada incomodidad y muy pocas satisfacciones. No escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser. Lo que aparentas, no es tu yo real. Es una ilusión vana, de alguien que no eres. De ese alguien que crees, que te gustaría ser, aunque si no lo eres, o no has hecho nada aún por ser, es que en realidad, ni si quiera, lo quieres aspirar.

Revisa las listas, las veces que haga falta. Confecciona a partir de ellas, tu «yo» ideal para ti, que no para el mundo. El mundo no pinta nada en tu ser. Las máscaras pesan y no permiten respirar bien. No prives al mundo de tu ser, tan sólo por creer que no eres lo suficientemente bueno para el mundo. Si todos fuésemos apariencia,

¿Qué sería del mundo?

¿Y qué es el mundo?

«Ser honesto del todo consigo mismo es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar.»
(Sigmund Freud)

Ser honesto con uno mismo, es el mejor esfuerzo que un ser humano puede realizar, ya no sólo por uno mismo, si no por el mundo en si. Si quieres honestidad para el mundo, empieza por ti. No puedes recibir lo que tú no das. Da honestidad y las apariencias, desaparecerán. Da apariencias y lo que desaparecerá, será la honesta realidad.

«No vemos las cosas como son. Las vemos como nosotros somos.»
(Anaïs Nin)

Si aparentas ser, percibirás sólo el mundo de las apariencias. Si eres real, percibirás el mundo real.

Por eso no escondas quién eres, bajo lo que aparentas ser, o te perderás la realidad.

¿Y tú, qué percibes?

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