No existe medicina que cure tu incredulidad. Y es que si no crees en la cura, ninguna medicina, te podrá salvar. La Fe y tu Confianza es lo que te cura y deshace tu escepticismo. Porque no puedes creer y no creer, al mismo tiempo. O crees, o no crees, así es que si crees, te curas, y si no crees, te enfermas. 

Hace ya mucho tiempo, en un recóndito lugar del extenso mundo, vivía un escéptico campesino, que todos los días aclamaba lluvia al cielo. Llevaba soportando muchos meses de sequía prolongada y sus humildes huertas y plantaciones, comenzaban a resentirse. Desesperado y tras la insistencia de su esposa, decidió ausentarse durante unos días del campo y de su hogar, para pedir consejo, cerca de la ciudad. 

A la cuidad se había trasladado un Maestro errante, que otorgaba consejo, a aquellos que se lo pidieran. El campesino tardó varios días en llegar a la ciudad y algunos más, en encontrar al Maestro. Cuando se encontraron el campesino inquieto, comenzó con su consulta. 

– Maestro, necesito consejo. Como ya sabrá, la situación en el campo es bastante difícil. La sequía prolongada, no riega los campos y el agua de los pozos se agota por momentos. ¿Qué me aconseja que haga?.

– Aunque no lo creas, la situación es mucho menos complicada de lo que te parece. ¿Cuánto hace que no rezas con Fe?.

– ¿Rezar con Fe?. Demasiado tiempo, como para acordarme. Reclamo al cielo agua, todos los días. Sin embargo, el cielo parece no escucharme.

– El cielo siempre escucha. Aunque si lo que escucha, no se lo cree, no atiende a las súplicas. Dices que le reclamas al cielo, agua todos los días. ¿Y crees que te la concederá, o simplemente rezas porque te encuentras desesperado?.

– La experiencia me dice, que no parece que el cielo quiera ayudarme. Así que le reclamo al cielo, porque es lo único que me queda.

– Dentro de poco más de una semana, abandonaré esta ciudad para dirigirme a tierras más lejanas. ¿Qué te parece si antes de mi partida y dentro de siete días, nos volvemos a encontrar aquí?. Lo único que tendrás que hacer hasta entonces, es pedir agua o lluvia con Fe. Rezarle al cielo con toda tu Fe.

– Está bien. Rezaré al cielo con Fe y nos veremos aquí dentro de siete días. Gracias Maestro.

Tras la despedida el campesino se fue algo desconsolado. El consejo del Maestro, no le trajo la tranquilidad que estaba buscando. Aún así, rezó todos los días al cielo.

Cuando volvieron a encontrarse, después de los siete días, el Maestro le preguntó al campesino, si la lluvia o el agua, ya había caído sobre sus campos. A lo que el campesino negó con la cabeza, con gesto de resignación.

– ¿Rezaste con Fe?

– Todos los días Maestro, dos veces al día. Cuando salía el sol y cuando se mostraba la luna. Pero el cielo me volvió a negar mi petición.

– ¿Cuántos días llevaste el paraguas contigo, después de rezar?

– ¿Cómo?. No entiendo su pregunta.

– Porque hoy tampoco llevas el paraguas contigo. ¿Sabes por qué sé que no rezaste con Fe?. Porque si esperabas lluvia, debías haber sacado tu paraguas. Eso es rezar con Fe. Tener la certeza y la evidencia, de que caerá la lluvia.

Y es que no existe medicina que cure tu incredulidad. Si no rezas con Fe, es como si no rezaras. Da igual las veces que pidas algo, si no crees que te será concedido. Rezar o pedir sin Fe, es no tener confianza. No tener la certeza, de que todo saldrá bien. Y si compras la evidencia, de que todo no irá bien, tendrás razón. La misma razón, que si piensas y confías en que todo saldrá a pedir de boca. Lo que crees, te da la razón. Tu razón, está en lo que crees.

¿Te sientes identificado con el campesino?

¿Cuántas veces has deseado algo, pensando que no lo conseguirías?

¿Y cuántas veces tuviste la certeza de que sí, y así fue como lo conseguiste?

No debes confundir tu Fe con tus creencias. Las creencias es creer que algo es cierto. Tener la convicción de que lo que crees, es verdad.  La Fe en cambio, es algo mucho más profundo. Es tener la absoluta confianza, en aquello que esperas, o en aquello que sabes con total evidencia, que es o será. 

La Fe no sólo habla de religiones o rituales. Existen muchos actos de Fe en tu vida cotidiana. Cuando abres el grifo de la cocina, lo abres con Fe, o con la certeza de que saldrá agua por él. Cuando encargas algo en una tienda, esperas a que llegue con confianza, teniendo la evidencia, de que te avisarán para poder entregártelo.

De esta misma manera, puedes pedir todo aquello que desees. Y con que lo pidas sólo una vez, será suficiente. Aunque tendrás que tener confianza plena en el resultado. Es decir, que si pides lluvia como el campesino, no te puedes dejar olvidado el paraguas. 

Y para recuperar tu Fe, lo primero que tienes que hacer, es recuperar la confianza en ti mismo, en tu poder interior. El pensamiento está estrechamente relacionado con tus actos de Fe. Deberás alimentar tus pensamientos con las semillas adecuadas. Porque tus ideas son las semillas de tu pensamiento, y tú pensamiento, es el que hace florecer o marchitar tu jardín.

Vuelve a desarrollar tu Fe. Porque con ella naciste. Era el equipaje con el que cargabas. Confiabas en la vida y en ti. Hasta que un buen día dejaste de hacerlo. Sin embargo la Fe, ni muere, ni se mata. Siempre se mantiene a la espera, a que vuelvas a reparar en ella, a reparar en ti.

No existe medicina que cure tu incredulidad, porque tu Fe, es la medicina.

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