No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento. Malgastar el tiempo, es perder el tiempo. Como malgastar una oportunidad, es perder esa oportunidad. Es decir que todas las oportunidades que aprovechas, independientemente de tus resultados, no las pierdes, las aprovechas. Que los resultados no sean los esperados, no quiere decir que hayas perdido el tiempo, quizás, tan solo, debas revisar tus expectativas.

«Las únicas oportunidades malgastadas son las que no aprovechas.»

¿De qué sueles arrepentirte, de lo que haces o dices, o de lo que no haces, ni dices?

A bote pronto, puede parecerte que tu arrepentimiento, puede surgir tanto de las situaciones, que realizas con poco acierto, como de lo que no haces. Sin embargo, te plantearé algo:

¿Cómo puedes aprender de tus errores, si no los hubieses cometido?

Las mejores lecciones de tu vida, provienen de tus fallos. Y es que si no te hubieses equivocado, no habrías aprendido nada. Tus errores, sólo te demuestran, cómo no debes volver a hacerlo. Hay demasiadas opciones, como para resolver a la primera. Tu propósito es acertar. Si lo haces demasiado pronto, perderás gran parte de la lección y eso sí que es una gran pérdida de tiempo. Ya que si no lo aprendes bien, corres el riesgo de volver a cometer los mismos y repetidos errores.

El miedo, las dudas, o incluso esa incómoda sensación de ridículo, son los peores abonos para tus deseos. Sin darte cuenta, plantas semillas que finalmente germinarán, con el arrepentimiento de no haberlo hecho. Y ese arrepentimiento se convertirá más tarde, en frustración, o tal vez, en lástima o pena contigo mismo. Elige siempre el abono que alimente tu esperanza, y no tu desesperación. No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento.

Imagínate en el futuro y casi al final de tu vida.

¿Cómo te gustaría sentirte, arrepentido de no haberlo hecho, o satisfecho contigo mismo y tus decisiones?

«Uno de los arrepentimientos más grandes de la vida, es convertirte en lo que otros quieran que te conviertas, en vez de ser tú mismo.»
(Shannon L. Alerta)

No permitas que las expectativas de los demás, se entrometan en las tuyas. Estás aquí para Ser feliz, no para hacer feliz. La gente que realmente te quiere, será feliz, con tu propia dicha, con lo que decidas hacer, si ese es tu propósito. Los demás no saben lo que más te conviene, aunque así lo piensen. En cambio tú sí que lo sientes. Y sólo si tú lo sientes, los demás terminarán también por sentirlo.

«De todas las palabras de los hombres, de la pluma o de la lengua, las más tristes, son estas: ¡Podría haber sido!.»
(John Greenleaf Whittier)

¿Te da miedo asumir el riesgo?

¿Y no te da más miedo arrepentirte, por no haberte atrevido a asumirlo?

Cuando te arrepientes por no haberte atrevido a hacer algo, ya es demasiado tarde, como para hacerlo. Así que es mucho mejor hacerlo con miedo, que no hacerlo nunca. Avanza por la vida, como si el fracaso no existiera. Porque en realidad, como el miedo, es sólo un juicio de tu mente. Ambos no existen como malas experiencias, son simplemente experiencias de la vida. Ni buenas, ni malas.

Se aprende mucho más de un fracaso, que de un éxito temprano. La vida es un riesgo en si misma. Si sales a la calle, puedes morir. Porque pueden pasarte cosas malas, como que te atropelle un coche, o contagiarte con el «corona». Pero si no sales a la calle,

¿Eres consciente de todo lo demás, que te estás perdiendo?

No pongas tu atención en el riesgo o en la pérdida. Enfoca tu energía siempre, en todo lo que puedes ganar. Ya que si no te arriesgas, ya lo habrás perdido. Donde depositas tu atención, pones tu energía. Tu energía es tu poder y tu fuerza.

¿Qué sentido tiene, sentirte débil y sin poder?

Piensa que no puedes fracasar, si tú no quieres. Tan solo puedes producir resultados. Así que no los juzgues antes de que sucedan.

¿Qué haces con esos resultados?

Ahí es dónde se esconde tu genio, en lo que haces con las cosas y no en las cosas en si. Aprende de los resultados para hacerlo mejor, la próxima vez. Así la próxima vez, estarás mucho más cerca del éxito, de lo que estabas al principio. No malgastes tu tiempo con el arrepentimiento. En vez de arrepentirte, gana en experiencia y aprovecha todas las opciones que se te presenten. Porque el arrepentimiento cuando se presenta, ya es demasiado tarde, como para arrepentirte.

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