No puedes elegir lo que te duele, en cambio sí puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
(Siddhartha Gautuma)

Y es que el dolor no es opcional, aunque el sufrimiento, sí que lo es. Porque el dolor es real, en cambio el sufrimiento, tú lo creas. Resistirte al dolor o a lo que te duele, es precisamente, lo que crea tu sufrimiento. De esta manera, el dolor duele, en el cuerpo, ya sea físico o emocional, mientras que el sufrimiento se sufre en la mente. Por eso no puedes elegir lo que te duele, en cambio sí que puedes decidir, si seguir sufriendo por lo mismo, o no.

Desde bien pequeñitos, se nos ha enseñado a evitar el dolor o resistirse a él. Cuando esto es imposible. Porque el dolor llega cuando tiene que llegar y sólo se marcha, cuando ya ha cumplido con su misión. 

Existen muchas maneras de resistirse al dolor. Pongo algunos ejemplos:

– NEGACIÓN, o el no reconocer lo que nos duele.
– JUZGARSE A SI MISMO. Ya que nos duele algo, que no nos debería doler.
– EVITACIÓN/COMPENSACIÓN. Como algo nos hace daño, encontramos placer en otro sitio.
– MEDICARSE o AUTO-MEDICARSE. Buscamos el remedio en el exterior para acabar con el sufrimiento.
– QUEJA. Que nos brinda cierto desahogo automático. Aunque si se prolonga en el tiempo, nos puede convertir en víctimas.
– ANÁLISIS. Intentamos encontrar la razón o el motivo, de ese dolor. Justificando así que nos duela.
– INCULPACIÓN. Culpando a otros, a las circunstancias, o incluso a nosotros mismos, de que nos duela algo.

¿Cuál es tu manera de evitar el dolor?

¿Se encuentra entre alguna de las opciones anteriores?

¿Empleas más de una manera?

Recuerda que no puedes elegir lo que te duele. La resistencia crea persistencia, mientras que la aceptación, transformación. Si te resistes al dolor, fomentas que te siga doliendo. En cambio si lo aceptas, propiciarás su transformación. Y es que te seguirá doliendo, pero no sufrirás por ello. Cuando te duele algo, pero niegas tu dolor, eso no hace que lo que te duela desaparezca. Sólo lo tapas, lo que te generará más sufrimiento, ante tu negación.

Te propongo dos métodos para enfrentarte a tu dolor, para que así no degenere en sufrimiento.

Primero, me gustaría que contestases a estas breves preguntas con un Sí o un No. La finalidad de contestar a estas preguntas, no es otra, más que tomes consciencia de lo que quieres. Además de hacerte entender, si ya estás preparado para librarte o liberarte de tu dolor o no.

1. ¿Hay algo que puedo cambiar de esta situación dolorosa?

2. Puedo cambiar…Argumenta la respuesta. 

3. ¿Estoy dispuesto a hacer el cambio?

4. ¿Acepto el cambio y lo que supone?

5. ¿Elijo conscientemente abandonar esta situación?

6. ¿Estoy dispuesto a abandonarla?

7. ¿Supondría esto, una mejora en mi vida?

Porque aunque te pueda parecer desconcertante, no siempre estamos preparados, o simplemente no queremos, abandonar alguna situación dolorosa de nuestras vidas. El apego que creamos también hacia el dolor, nos lo impide. Creamos un vínculo invisible que nos une a lo que nos hace daño. Y cortar ese vínculo, nos hace pensar, algunas veces, que nos puede provocar aún más daño. Es decir, que si cortamos con el dolor, podemos sufrir más, que si continuamos con él. Esto puede parecer a priori, no tener mucho sentido. Porque, 

¿Cómo vamos a preferir seguir sintiendo dolor, que liberarnos de él?

Pues entre otras cosas, hay veces que llevamos tanto tiempo, conviviendo con el dolor, que no sabemos si lo que hay detrás de él, nos puede causar placer o más dolor. No logramos imaginarnos cómo sería nuestra vida sin él, sin nuestro dolor. Por eso nos aferramos a lo que conocemos. Y es que para el dolor también existe una zona de confort. Por eso, para cortar lazos con el dolor,  hay que estar preparados para cruzar esa zona y entregarnos a lo desconocido. 

El otro método que te propongo, para deshacerte del dolor, es el de hacerte responsable para que honres tu vida y conectes contigo, a través de tu dolor.

¿Cómo se logra?

– RECONOCIENDO lo que te duele, disgusta o molesta. Y argumentando cómo te sientes.

Por ejemplo: «Me duele que hablen así», «Me molesta cuando me gritan», «Me disgustan los gritos». Y por tanto «Me siento…», O eso «Me hace sentir…»

– LOCALIZANDO la parte de tu cuerpo, en la que sientes eso que te hace sentir dolido, molesto o disgustado. Señálala, mientras te permites sentirla.

– INTENSIFICA o amplifica eso que sientes y cómo te hace sentir. Llorando, gritando, pataleando, rompiendo cosas, saltando, bailando…

– Y por último, RESPIRA. 

Es muy probable, que mientras vas cumpliendo con cada uno de los pasos del proceso, se activen en tu memoria, recuerdos, frases, personas, experiencias. Acéptalos y agradece que hayan aparecido. Porque es tu historia la que te está hablando. Todos esos recuerdos son tus patrones antiguos, los programas y creencias que te han estado limitando durante todo este tiempo. Y que ahora, a través de ellos, tu dolor, va tomando otro significado. Ahora ya puedes liberarte, si quieres y estás preparado.

De ti depende y como no puedes elegir lo que te duele, sí que puedes decidir si seguir sufriendo.

La pregunta ahora es: 

¿Estás preparado? 

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