Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves. Es decir, que si tus ojos no alcanzan a verlo, tus oídos a escucharlo, o alguno de tus otros sentidos a sentirlo, no te lo podrás creer.

¿O sí?

Disponemos de cinco sentidos principales, con los que procesamos la información que nos rodea. Esta información está compuesta por estímulos tanto externos, como internos. Los cuales nos permiten percibir la realidad. En este proceso de recepción de información, son tus sentidos los que filtran lo que ves, escuchas, hueles, saboreas o sientes.

Tu razón y tus capacidades cognitivas, no participan en este proceso. Estas intervendrán sólo en la interpretación de lo recogido por tus sentidos. Por tanto, lo sensorial no colabora de manera activa con tu razón y con tu lógica para recoger la información. Porque cada uno, tiene una labor específica de la que hacerse cargo.

Así que podríamos decir, que el proceso de percepción de tu realidad, es como si fuera una carrera de relevos. Tus sentidos son los primeros en salir y los que recogen el testigo(la información), para más tarde ofrecérselo a tu razón, que será quién se encargue de darle forma a esa información. Dicho de otra manera, son tus sentidos los que informan a tu razón de lo que han visto, oído, olido, degustado o sentido. Y más tarde será tu razón la que interprete esa información.

¿Se puede interpretar lo que no se capta o recoge?

A pesar del fabuloso trabajo que lleva a cabo, tu sistema sensorial, tu atención es bastante limitada. Y es que no puedes atender a todos los estímulos que te rodean. Tu atención elige qué atender, por eso filtra los estímulos y decide qué información aportar a tu razón. Así pues, todo aquello que tu atención decide no atender, no puede ser interpretado, tampoco, por tu razón. Y toda esa información desatendida y no procesada, se te escapa.
Por eso, como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Tiene alguna preferencia tu atención, a la hora de atender?

Tu atención siempre se apoya en tus creencias. Lo que no se corresponda con ellas, será desatendido y no lo podrás procesar. Por ejemplo, si crees que eres una persona con poca suerte. Atenderás sólo a aquello que le de la razón a lo que crees, y no se contradiga con tu creencia de mala fortuna. Desatendiendo todo lo demás. Esto lo puedes extrapolar a cualquier experiencia de tu vida. Atiendes sólo a lo que crees. Observas lo que crees que existe, y crees que existe, porque quieres que así sea. Lo que no crees, no podrá ser atendido por tus sentidos, ni tampoco procesado por tu razón.

Despréndete de tus creencias, antes de atender. Desvincula tu atención de lo que crees, si quieres aprender cosas nuevas. Permite que tus sentidos, sean libres de percibir.

Como no puedes no creer en lo que ves, tampoco puedes creer en lo que no ves.

¿Y entonces qué se te escapa?

Te pierdes y se te escapa, todo aquello en lo que no crees, y por lo tanto no ves.

Así es que atiende mejor, sin creer en lo que sueles creer. Porque si eres de los que sólo creen en la oscuridad, tus sentidos no podrán enseñarte la luz.

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