Y érase una vez, hace no mucho tiempo, donde la inseguridad se encontró por primera vez con su aliado, el no tan entendido orgullo, o ego protector.

La inseguridad normalmente yacía dormida. Pequeñas o grandes cosas le hacían despertar. Pequeñas cosas que enseguida le forzaban a volver a cerrar los ojos y no tan pequeñas circunstancias que le empujaban a despertar.

Pensamientos limitantes, holografías quebradas por estos pensamientos, alarmas conocidas que le recordaban el porqué de su intenso soñar y dolor atraído por lo que aún estaba sin sanar.

La inseguridad ansiaba dejar de sentirse despierta, deseaba dormir y no volver a despertarse nunca más. Pretendía desaparecer y encontrarse con su hermana mayor la arrogancia.

La llamaba, la proyectaba, deseaba que se dejara ver y estuviera a su vera. Hasta que un buen día apareció.
Apareció desgastada, cansada de alardear, atontada por el esfuerzo de aparentar siempre perfecta y precipitó su cuerpo en la cama de su hermana pequeña.

La inseguridad la arropo y la cuidó. Y esta se despertó días después. El reencuentro fue enternecedor y cuando ambas se miraron fijamente, entendieron rápidamente sus intenciones.

Entendieron que no sólo eran hermanas, asumieron que la una sin la otra no eran nadie. Estaban interconectadas, pese a que pasaran largos periodos sin sentirse. Eran las diferentes caras de una misma moneda. Comprendiendo entonces que sólo tenían que hacerla girar.

La inseguridad fue la primera en trasmitir sus dudas. Asumiendo su falta de seguridad para darle la vuelta. En cambio la arrogancia, quiso presentarle al responsable de su fuerza, el no tan entendido orgullo.
Este irrumpió silencioso pero sonriendo. Prometiendo acudir siempre que fuese necesario como un halo protector, llenando el vacío y el menospreciar.

La inseguridad le miraba de reojo, no confiaba del todo, pero fue coger su mano y entregarse firmemente a los designios de Morfeo.

La arrogancia no se encontraba del todo satisfecha y soltó sus manos. Ella también necesitaba paliar con el cansancio de estar siempre despierta, de estar siempre bien.

Y su hermana le cedió su cama…

Por eso cuando una asoma la cabeza, la otra yace dormida, por eso las inseguridades están cargadas de arrogancia cansada y la arrogancia de inseguridades, porque son la misma cosa…..nuestras cosas.

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