No podemos no comunicarnos pero, ¿qué tal se nos da comunicar?.

¿Lo comunicamos todo o sólo lo que entendemos que es relevante?

¿Trasmitimos nuestras peticiones o esperamos a que sean los demás, los que predigan nuestros deseos?

Comunicar nuestras necesidades facilita que sean cubiertas. Mantenerlas en secreto no sirve de nada. Debemos trasmitir lo que queremos y así estaremos más cerca de recibirlo. Es cierto que no todo nuestro entorno, pese a que respete nuestras demandas, nos ayudará a conseguirlas. Si todo fuera tan fácil, rozaría lo aburrido. Nuestras peticiones pueden entrar en conflicto con las necesidades de otro. Sin embargo si esto no pasa, nos sorprendería conocer la cantidad de personas que estarían dispuestas, a por lo menos, facilitarnos las cosas y no a obstaculizarlas.

Es cierto que el ser humano está totalmente capacitado para detectar los requerimientos de los demás. Pero, ¿Si no satisfacemos primero los nuestros, cómo podremos satisfacer los del resto?. También hay personas que para satisfacer sus necesidades sólo tienen que cubrir las de su entorno. Como he hablado en diferentes entradas, los mapas pueden ser muy variados. Aunque en cuanto a la comunicación bastante escuetos.

¿Por qué nos cuesta tanto comunicar nuestras necesidades?

¿Qué tememos perder?

Somos seres sociales y estamos interconectados. Lo que uno proyecta se manifiesta en el otro. Si tú te sientes bien, es bastante probable que yo también lo esté. Todo es contagioso, así es lo social. Resulta curioso que portando esta herramienta tan poderosa, como es el lenguaje, no la aprovechemos en beneficio a nuestro bienestar que indirectamente también será el de todos.

¿Y tú, qué pides?

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