¿En qué área de tu vida, dirías que te vuelves perezoso?

¿Eres perezoso o te vistes con el disfraz de la pereza, para evitar el inicio de tus acciones?

Antes de etiquetarte o etiquetar a nadie de perezoso. Debes entender que la pereza no es un estado del Ser, si no una elección de tu mente. Ni si quiera tu cuerpo está implicado en esa decisión. Sin embargo se contagia de tus pensamientos y adquiere la postura física, acorde con tu otra postura, la mental. Si tu mente está cansada, pronto el cuerpo reaccionará con cansancio. En cambio, si tu mente está desbordada de entusiasmo, tu cuerpo en seguida, se llenará de esa energía, sintiéndose imparable. El pensamiento también tiene un ritmo y una vibración específica, según lo que ronde por tu cabeza.

Piensa en esa actividad que te causa tanta pereza.

¿Qué pensamientos son los que te casan?

¿Cuándo piensas en hacerlo?

¿O cuándo piensas en todo el camino que te queda por recorrer?

Un dato curioso a la par que revelador, es el aportado por la Psicóloga Gestalt, Bliuma Zeigarnik, en el que explica: que el cerebro cuando inicia una actividad, tiende a sentir ansiedad, hasta que logra completar el proceso. Este descubrimiento, podría explicar muchas de las razones por las que tendemos a demorar la acción. El cerebro prefiere entonces inmovilizarte, a través de la pereza, hasta que encuentres un momento más idóneo y menos ansioso. Sin embargo no tienes porqué caer en su trampa.

¿Teme tu cerebro ser presa de la ansiedad y por eso retrasa el inicio?

¿Y esto no hace que se genere en ti, otro tipo de ansiedad?

La pereza, como actitud boicoteadora, suele emplear ciertas artimañas que te distraen y entorpecen tu buen hacer. Una de ellas es la búsqueda de la certeza. La mente siempre busca una razón o un porqué, que justifique lo que está pensando. Busca la correspondencia, con lo que está pensando. La demostración de que esos pensamientos, no son una pérdida de tiempo. Y te hace encontrar esa coincidencia. Utiliza a tu memoria selectiva para ello. Resalta sólo algunas experiencias y reinventa las demás, para convencerte. Y lo logra, porque la realidad, siempre depende del observador, y de lo que está buscando. Si buscas la certeza en tu pereza, la alimentas. Dándote la razón. Impidiéndote a ti mismo, vislumbrar la salida más cercana.

¿Dónde buscas la satisfacción, cuándo sientes pereza?

¿En el placer o en la recompensa inmediata?

No ignoramos sólo cuando no sabemos. Si no cuando damos la espalda a eso que sabemos, pero preferimos ignorar. El rechazo o la negación también es otra de las muchas formas que adopta la pereza, frente a la acción. La aceptación es fundamental para poder transformar algo. Si no lo (te)reconoces, tampoco (te)reconocerás (en)esa transformación.

Imagina ahora que tienes que hacer un largo viaje. Al final de ese viaje, recibirás una gran recompensa, un premio que sabes que te será muy beneficioso y que sólo conseguirás alcanzar, si te embarcas en ese viaje. Desconoces lo que encontrarás entre tus pasos, sin embargo sabes que serán muchos pasos. Si piensas en todos esos pasos que deberás dar, para alcanzar tu recompensa, probablemente olvides el premio, incluso la razón principal del viaje. Porque estás obcecado en contar los pasos que te quedan por caminar. En cambio, si cada paso lo contemplases, como un único viaje. Contando los pasos ya andados y no los que te faltan por andar. El viaje de muchos pasos, se transformaría, en muchos viajes de menos pasos, y por ende en muchas más recompensas. Así multiplicas las recompensas y no restas con tu pereza.

Si te da ansiedad pensar en el largo proceso, trocea, el proceso. Conviértelo en muchos procesos. Divide tus metas, en submetas. Planifica y concrétalo en tu calendario. No caigas en la trampa de la pereza. No te vuelvas pasivo ante ella. Cuando emprendes la acción, ya no tiene sentido su manifestación. Desparece al permitirte hacer. La anulas, cuando no piensas en ella. Cuando te enfocas en lo que quieres conseguir. Refresca tu memoria,

¿Recuerdas el «para qué», quieres conseguir eso que te da pereza?

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