¿Para qué estamos aquí?

¿De dónde venimos?

¿Cuál es el origen del mundo?, ¿Y del universo?

¿Habrá vida en otros planetas?

¿Quién es Dios?

¿El tiempo cómo lo entendemos, es real?

¿Qué es real de lo que vemos y oímos?

¿Existe una llave de la felicidad?

¿Hay algo después de la muerte?

¿Qué es la muerte?, ¿Y la vida?…

¿Alguna vez has deparado en este tipo de preguntas?

Me atrevo a decir que todos alguna vez o quizás muchas veces, hemos intentado responderlas racionalmente. Cuándo lo hacemos, siempre partimos de una referencia. De un punto de partida que determinará el camino andado. Hay quién esa referencia la encuentra en la ciencia y en todo su saber; y otros en cambio, eligen la espiritualidad o la religión para trascender.

¿Cuál es tu referencia?

La realidad depende de cada observador y ese que observa, siempre buscará una referencia y mirará a través de ella. Se colocará en un determinado punto concreto y observará lo que pueda, sólo desde ese sitio. El resto de lugares pasarán desapercibidos por ese observador, a no ser, que sea capaz de colocarse en una nueva referencia y mirar también desde ahí.

Desde cada referencia se aprende algo diferente y el transitar diversos puntos de partida, es lo más aconsejable, si lo que queremos, es ampliar nuestro conocimiento. Cambiar la perspectiva, hace que las cosas cambien.

Lo interesante de todo esto, es que sea cuál sea la referencia seleccionada, todos nos cuestionamos las mismas preguntas. Buscamos lo mismo desde diferentes puntos de partida o referencias. Compartimos las mismas dudas existenciales aunque no las mismas respuestas.

¿Será por la referencia?

¿Qué pasaría si la abandonases?

Si pudieras intentar contestar esas preguntas, olvidando por un momento, todo lo que has aprendido y todo en lo que crees. Observar las preguntas no desde tu conocimiento, si no desde tu ser.

¿Podrías hacerlo?

Sinceramente creo que es todo ese conocimiento y todo ese sistema de creencias que hemos ido adoptando a lo largo de nuestra vida; el que nos hace plantearnos ese tipo de cuestiones. Sin conocimiento de nada, esas preguntas no llegarían a ser planteadas. Son cuestiones que provienen de lo que hemos aprendido, no de lo que somos en esencia. Dudas de nuestro propio conocimiento. Y es curioso que sin saber, ni creer en las mismas cosas, todos dudemos de lo mismo. Es curioso que sean las mismas preguntas las que estén sin contestar, a pesar de la referencia que utilicemos para contestarlas.

¿Qué te dice todo esto?

¿Pasará lo mismo con otros sentimientos o estados que padecemos a veces?

¿Sentiremos miedo, por ejemplo, por lo que sabemos y no por lo que somos?

Tu esencia no necesita saber para ser. Tu esencia no se hace preguntas porque habita cómoda en tu duda. Tu incertidumbre proviene de lo que sabes, no de lo que eres.

¿Y tú, habitas cómodo en la duda?

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