¿Recuerdas cuando de niño, jugabas a ser adulto?

¿Y ahora que ya lo eres, a qué juegas Ser?

Quizás sea el momento de volver a jugar como cuando éramos niños. Disfrutar de la Inocencia de la Sorpresa y de la Pureza de la Curiosidad. De mirar con Asombro, de escuchar con Ingenuidad y de sentir con la Candidez de la primera vez. 

Tal vez, ha llegado la hora de dejar de jugar a ser adultos confinados. De abandonar esa «madura» sensación de aislamiento. De mirar con miedo, de oír con prejuicios y de sentir a medias. 

Si pudieras volver a tu niñez, 

¿Qué crees que le diría ese niño, a tu parte adulta?

Echando la vista atrás, aún recuerdo cuando mamá era lo único para mí. Una prolongación de mi ser que me llenaba de Amor y de ternura. No me sentía, en absoluto, separada de ella. Éramos la misma parte del todo. Desconocía entonces, que fuésemos personas independientes. Hasta que un buen día, me encontré con mi primer reflejo. ¡Qué fue aquello!. La percepción de mi mundo cambio por completo. Adoptando la ruptura, como una nueva forma de desunión. Ya que fue verme reflejada en ese espejo, lo que me hizo reconocerme por primera vez con el Yo, mientras me alejaba del otro(mamá). Hasta entonces, siempre habíamos sido la misma cosa, Nosotras, y no existía nadie más. Ni un Yo, ni un Tú, ni un Otro separado, sólo existía la Unidad. Y ese espejo me la arrebató de golpe.

No fue fácil la transición. Reconozco que me revelé. Rechacé lo inevitable. Me rechacé. Tardé en hacerme a la idea. No me apetecía armar esa nueva parte de realidad. Quería seguir viviendo en la Unidad y no deseaba privarme de esa maravillosa protección. Me costó encajar mi nuevo Yo y que mamá tenía muchos más roles que representar. Ya no sólo ejercía de mamá, si no también de esposa, de hermana, de tía, de amiga. Aunque, yo sólo me podía identificar como su hija. Una hija separada del resto de roles que tuvo que asumir. Porque para mí, seguía siendo mi mamá. 

Desconozco si mi historia se asemeja a la tuya. Tal vez, nada tenga que ver. No obstante, algo me dice, que algo se movió dentro de ti, mientras releías mi pasado.

¿Qué fue?

¿A ti también te fue complicado aceptar que mamá, ya no sólo era para ti, y que la tenías que compartir?

Y es que como tú, mamá, no sólo es mamá, o esposa, o empleada, o hermana. Mamá es mucho más, que todos esos papeles que le tocó interpretar. No es la actriz, si no la que hace de actriz. No es la etiqueta, si no a quién le colocas todas esas etiquetas. Y es que definir a las personas por sus roles y no por su Ser, es lo que nos hace sentirlas separadas de nosotros mismos. No me cansaré de repetir, que Somos Uno. En la Unidad nos encontramos y en la Separación, nos abandonamos.

Reaprende de tu niñez y de tu Inocencia. Aunque pienses que te abandonó, no lo hizo. Tu niño interior aún te espera a que vuelvas a reparar en él. El niño no se cuestiona su existencia. Vive con Confianza y a través del Amor. Las dudas aún no le perturban, porque Cree y Ama. 

Somos, Unidos, Juntos. Separados o aislados sólo somos gotas perdidas en el océano. Unidos, somos el océano. A pesar de tener reflejos diferentes, en realidad somos el mismo reflejo, que simplemente, se refleja de manera diferente. Así que, que no te sorprenda mi reflejo, porque en realidad, eres tú, quién lo hace posible, ya que así lo reflejas.

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