¿A qué nos referimos cuándo hablamos de creencias?. ¿Son todas ellas limitantes?. ¿Se pueden cambiar?.

Las creencias son todos los juicios y opiniones que componen nuestro mapa. Férreas convicciones formuladas en base a experiencias pasadas. Percepciones y valoraciones personales que describen quiénes estamos siendo.

Hace días, colgué una entrada en la que hablaba de los mapas y de la importancia que tiene ampliarlos. Las creencias son las que los componen: nuestras visiones del mundo, nuestros valores y también nuestras etiquetas. Se encuentran remarcadas y las utilizamos cual indicaciones para andar por el territorio.

Las creencias no tienen porqué ser únicas como los mapas. Las convicciones se comparten entre grupos, entre géneros o en solitario. Los expertos afirman que antes de los siete años ya habremos recogido la mayor parte de las creencias que nos acompañarán a lo largo e nuestra vida.

Son muy útiles en cuanto a la rapidez de reacción. Sería extremadamente cansino tener que evaluar cada situación, cada momento como nuevo, antes de tomar una decisión. Nos facilitan mucho las cosas si nos funcionan y emponderan nuestro comportamiento.

¿Pero y si no nos funcionan?. Muchas de las creencias que recitamos como si de un mantra se tratase, limitan nuestros pasos y no nos dejan disfrutar del territorio, de nuestra realidad, con plenas facultades. 

Con el tiempo he aprendido que pocas son las cosas imperturbables al cambio. Las creencias como el resto son vulnerables a la transformación.Tú las has elegido, tuya también es la decisión de cambiar aquellas que ya no te sirven.

¿Revisamos creencias?

 

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