Muchas son las relaciones que mantenemos a lo largo del día. Las hay de todo tipo. Relaciones cordiales o de trabajo; relaciones más íntimas con familiares y amigos o relaciones fortuitas. Somos seres sociales y el contacto con los de nuestra especie es fundamental para desenvolvernos en el entorno.

La inteligencia emocional o social es imprescindible si lo que queremos es reforzar esas relaciones. Llevarnos bien. Sentirnos queridos y valorados en todos los espacios. ¿Cómo andamos de empatía?. ¿Somos capaces de posicionarnos en el lugar del otro desde su perspectiva?. ¿O si nos ponemos en su lugar, lo hacemos desde nuestra visión de los hechos?.

La compresión intelectual bloquea la empatía. Para empatizar no hay que entender. Ni si quiera comprender el por qué. Para empatizar antes de nada se necesita escuchar mientras se observa. Sin juicios, sin etiquetas. Escuchar atentamente y con plena curiosidad todo lo que nos cuentan. Sólo así sentiremos el reclamo o la necesidad del otro.

Cuando alguien cercano o no, nos cuenta un problema solemos aconsejar con frases como: «creo que deberías hacer…o yo en tu caso haría». Otras veces, quizás pensemos que la mejor manera para provocar alivio, es minimizar la situación consolando a la persona: «no es culpa tuya, hiciste lo que pudiste». En otros casos, incluso lo intentamos, compitiendo con nuestras propias experiencias: «eso no es nada, voy a contarte lo que me ocurrió a mi».

El desahogo no siempre tiene que ir acompañado de un consejo o de una enseñanza. A no ser que nos lo soliciten específicamente. Hay veces que tan sólo con escuchar y estar, es suficiente para conectar.

La empatía no pretende aconsejar o consolar. Tampoco educar o compadecer. Ni si quiera persigue una explicación. Busca el sentimiento compartido. El acompañamiento, el reflejo del uno en el otro. Sentir lo que siente el de en frente. No lo qué tú sentirías si estuvieses en su lugar.

Imagina que te reúnes con alguien de tu entorno para contarle algo que te preocupa. Cuando acabas, la respuesta que recibes es:

Si yo te entiendo, aunque creo que deberías hacer «tal cosa» para sentirte mejor. No sigas atormentándote y escuha lo que me pasó a mí, la semana pasada. Fue mucho peor. Te cuento(bla, bla, bla)… También pensé que era culpa mía. Pero si haces lo que yo, te darás cuenta de que no era para tanto. No te ralles…

¿Qué esperas de los demás y su empatía?

¿Y los demás, qué esperarán de ti?

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