Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Tal y como son tus actos, será tu destino.
(Brihadaranyaka Upanishad IV 4.5)

Tú eres el deseo que te impulsa. El deseo que te eleva y el que te hace levantarte cada mañana, dibujando una sonrisa en tu cara. También eres la ilusión, que hace posible que se cumpla ese deseo. Mientras sueñas, tejes con pasión, tus más ansiadas aspiraciones, y estas se manifiestan a través de ti.

El deseo te empuja a alcanzar tus propósitos. Porque es el estímulo que te recuerda lo que puedes conseguir. Cuando deseas, recargas tu fuerza. Tu energía se multiplica. Tu atención te da la razón, encontrando infinitos motivos, por los que no puedes dejar pasar tu sueño. No obstante, el deseo también te harta de esperanza. Lo alimentas con la confianza de que todo saldrá bien. Tus creencias te amparan, expresando en tu mundo, la idea en la que crees. La idea, fue la semilla, el deseo, su alimento y tu yo florecido, la manifestación constatada.

¿Te reconoces con tu deseo?

¿Te identificas con la expresión de ese deseo?

¿Tu deseo te impulsa y te eleva?

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
La voluntad es la intención que le pones al deseo. El para qué, quieres lo que deseas. La finalidad de tu sueño. El objeto final, que precisamente, no es un objeto, si no un propósito mucho mayor.

La voluntad es tu misión contenida. Es la visión con la pintas el fin. Tu motivación, te señala el camino. Puesto que el camino, es tu reafirmación. El proyecto que habla de ti, aunque no es para ti. Lo que sientes que tiene que ser, y que te aporta la certeza, de que vas a poder. Quizás no seas consciente, pero tu voluntad, es quién despierta tu conciencia. La que te hace responsable, de que estás en el camino correcto y la que guía tus pasos.

¿Cuánto trabaja tu voluntad, para conseguir eso que quieres?

¿Tienes clara tu intención, el fin primero, de para qué quieres eso que deseas?

¿Te acompaña tu motivación y te acerca a conseguirlo, o te aleja y te desgasta?

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo, es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Tus acciones están marcadas por tus ganas, ya que estas se construyen en tu cabeza, mientras las sientes en el corazón. Cuando creas armonía entre lo que piensas y sientes, es cuando tus actos encuentran la congruencia, manifestando eso que quieres.

Cuando tu mente y tu cuerpo trabajan en equipo, entendiendo como mente, a tus pensamientos, y al cuerpo, como a las emociones que sientes, manifestadas en él, nada podrá resistirsete. Porque tus acciones, tomarán la coherencia del equipo, uniéndose a él. Tus comportamientos encontrarán la consonancia con eso que piensas y sientes, enfocándose en una misma dirección. No obstante, para encontrar esa coherencia, deberás renunciar a tus dudas y por supuesto, también a tus miedos. Y es que si encuentras dudas o miedos, no hay congruencia. La certeza es la única que puede devolverte la coherencia de tus actos.

¿Son tus actos disciplinados o indisciplinados?

¿Lo que haces está libre de miedos y dudas?

¿Dudas de lo que sientes y piensas?

Si sólo son dudas, te animo a que permanezcas en ese estado del «no saber» hasta que encuentres en él tu comodidad, ya que a su lado se acomoda pacientemente tu certeza. La seguridad no la encontrarás en lo que ya sabes, si no en lo que desconoces. Esa es la auténtica seguridad y la que te vuelve inquebrantable. El poder que te aporta la incertidumbre es ilimitado. Las dudas son generadas por tus expectativas, que siempre esperan la evidencia de algo.

Aprende a no esperar nada, ya que eso, en realidad, te hace poder esperarlo todo. Cuando te enfocas en una única opción, renuncias a todas las demás posibilidades, apegándote sólo a un resultado. En cambio cuando te desapegas de los resultados, le abres la puerta a las posibilidades infinitas. El «no saber», puede crear lo que sea, mientras que las evidencias de tu mente, son sólo conjeturas limitadas, que no tienen porqué convertirse en tu realidad.

Tú eres el deseo que te impulsa.
Tal y como es tu deseo es tu voluntad.
Tal y como es tu voluntad, son tus actos.
Y tal como son tus actos, será tu destino.

Disfruta del viaje, sin pensar en el destino. No te aferres a los resultados. Disfruta de lo que haces y cómo lo haces. No fuerces, ni te esfuerces. Actúa siempre con coherencia. Cada acción, tiene una respuesta, y cada respuesta se vuelve a convertir en acción, para volver a reaccionar. Debes de hacerte responsable de las consecuencias que tienen tus actos, ya que cada uno de los efectos, crearán nuevas reacciones, que tendrás que saber manejar, si quieres continuar caminando.

Camina atento, confiado, y con determinación. Camina siendo plenamente consciente de que estás caminando. No pienses aún los pasos que te faltan por caminar. Disfruta del contacto que hacen tus pies en el suelo por el que transitas. Disfruta del viaje, ya que es tu viaje. El destino no tiene nada que enseñarte. Y si llegas a él, sin aprender nada por el camino, no te gustará, ni reconocerás ese destino. Y todos tus paseos, no te habrán servido para nada.

¿Disfrutas del viaje, o sigues pensando en el destino?

¿Caminas atento o con prisa?

¿Coleccionas lecciones o aprendes y olvidas?

El deseo sin voluntad, poco difiere de un pensamiento sin completar. Y es que el pensamiento sin emoción no puede convertir tu deseo en realidad. Sólo cuando añadas eso que sientes a lo que piensas, tus actos se multiplicarán solos. Desea con conciencia, trabaja con voluntad y deja que tus actos se adelanten a tu destino.

¿Y tú, qué piensas, sientes y haces, por lo que deseas?

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