Imagina que pierdes la memoria y eres incapaz de recordar nada en absoluto.

¿Qué sería lo primero que te gustaría recordar?

¿Quién eres?

¿Todo lo que sabes?

¿En todo lo que crees?

¿A quién amas?

¿Quién te ama?

¿Qué pasó para que perdieses tu memoria?

¿Qué sería?

¿Qué necesitarías recordar para volver a ser?

¿O quizás no necesitarías recordar nada, porque prefieres crear nuevos recuerdos?

¿Podrías funcionar sin tu memoria?

¿Cómo le afecta a tu yo actual, esa memoria?

Tendemos a aferrarnos a lo material, como también a nuestros recuerdos. Tememos dejar de ser, sin ellos. Sin embargo para seguir siendo no se necesita la memoria anterior. De hecho, si la perdiésemos, quizás fuera la mejor manera de reconocer nuestra propia esencia. Lo profundo de nuestro ser, sin que se sienta contaminado por ningún conocimiento, creencia o recuerdo antiguo. Tendríamos la oportunidad de empezar de nuevo y crear lo que quisiéramos.

¿Crees que si no consiguieras recordar nada, no podrías ser como eres hoy?

¿Quieres ser como eres hoy?

¿Qué temes del olvido?

Deshacernos de todo lo que conocemos, sabemos y creemos no parece ser, a voz de pronto, la posibilidad más acertada para empezar a ser, apelando a nuestra esencia. Sin embargo, no hay otro camino. Tu ser no es el que ha ido adoptando toda ese aprendizaje basado en convicciones y estados emocionales. Tu esencia es lo que se mantiene imperturbable, a pesar de todo lo que ya sabes y crees. Es lo más puro de ti. No necesita saber y acepta su desconocimiento. Tampoco necesita creer en nada más que en sí mismo porque con eso le es suficiente. Tu esencia es la que te espera y observa curiosa, mientras tú te enredas en creencias y aprendizajes utópicos.

¿Eres capaz de reconocer tu esencia?

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