Tu interpretación sobre el contenido, no está en la forma, si no en su significado en sí. Las formas, son las representaciones de los contenidos. Estas no son reales, en cambio los contenidos, sí que lo son.

Lo que creen ver tus ojos, no tiene importancia. El significado que le das a lo que ves, es lo que es importante. Aquello que crees oír en el exterior, ni si quiera se escucha dentro de ti. Lo que oyes dentro de ti, se escucha en todas partes. Lo que perciben tus sentidos, no es lo que tú sientes. Porque lo que tú sientes, no está en tus sentidos.

Imagina que alguien de tu entorno, te obsequia con un gran cuadro. Quien te lo regala, hace bastante hincapié, en que al verlo en el escaparate de una tienda de antigüedades, pensó inmediatamente en ti. Te explica, que el lienzo y su dibujo hablan de ti y de tu relación con el mundo. Algo que te desconcierta un poco, ya que no entiendes del todo, a qué se refiere. Aún así, te sientes muy agradecido con el detalle de tu amigo.

Al llegar a casa, le haces hueco enseguida, en una de las paredes de tu salón. Mientras lo contemplas, te percatas que te sientes más atraído por el marco del cuadro, que por el contenido del lienzo. Llaman tu atención, los delicados detalles del marco, así como su color dorado. Te parece un elección exquisita, ya que para tu gusto refinado, la forma del marco, combina a la perfección, con el contenido del lienzo. 

«La belleza es el acuerdo entre el contenido y la forma.»
(Henrik Ibsen)

Pasados unos días, recibes la llamada de tu amigo, quién se interesa, por tu interpretación sobre el dibujo del cuadro. Le confiesas que en realidad, no has reparado, apenas en el contenido, ya que sigues embelesado con la forma del marco.

Tu amigo queda sorprendido ante tu respuesta. Explicándote, brevemente y sin mucha insistencia, que si te lo regaló, no fue precisamente por el marco, que adornaba el lienzo. Si no por los detalles del cuadro y la historia que parecía contar. Que fue eso, lo que le recordaba a ti. De hecho el marco y su forma, ni siquiera lo eligió él, si no el encargado de la tienda de antigüedades. 

Asimismo, después de mantener una interesante conversación con tu amigo, ajena al cuadro, comenta que la semana que viene, te volverá a llamar, para comprobar si ya ha cambiado en algo, tu interpretación del contenido del cuadro, o si por el contrario, lo sigues percibiendo de la misma manera. 

Aún sin entender del todo a tu amigo. Su recurrente interés por tu interpretación sobre el contenido del dibujo, te hace reparar en él detenidamente. Para contemplar al detalle, lo que en apariencia, no había conseguido llamar tu atención. Al detenerte en su contenido, y no en la forma del marco, comienzas a apreciar ciertos fragmentos que comienzan a interesarte de una manera muy especial.

Las diferentes partes de su contenido, empiezan a mostrarte una nueva perspectiva del mismo, que captan al completo todo tu interés, dejándote ensimismado. No puedes dejar de observarlo y cuanto más lo miras, más detalles descubres, al respecto. El regalo se convirtió en toda una revelación para ti y lo que consiguió manifestar, cambió por completo tu perspectiva y por ende, tu vida.

Ahora imagina, que ese cuadro y su contenido, representa en su dibujo, el significado de la vida.

Como protagonista de la historia, tardaste en fijarte en él, ya que te dejaste llevar por la forma del marco, no por su dibujo. El dibujo del lienzo siempre estuvo ahí, frente a tus ojos. Sin embargo, la forma del marco, o lo superficial de la vida, entorpeció, tu visión. Prestaste atención sólo a la forma de las cosas, obviando su significado real. Anteponiendo la forma, al contenido. Desatendiendo el contenido, para perderte entre las formas de lo aparente. Y lo aparente, cegó tu visión. 

¿Ciega lo aparente tu visión?

¿Entiendes el significado real de las cosas, su contenido, o por el contrario, te dejas sólo llevar por la forma?

La vida no es forma, si no contenido. A pesar de sus múltiples formas y representaciones, el contenido siempre es el mismo. La forma no da sentido al contenido de nada. Es el contenido, el que le aporta a la forma, su significado real. Si sólo atiendes a las formas, te perderás el significado de estas. Se te escapará el propósito real de la vida. Las formas las perciben tus sentidos. El significado, tu alma, que no necesita de filtros, que despisten su visión. El alma no filtra para ver. Ni repara, para entender. Porque el alma es el filtro.

Mientras tus sentidos crean la forma, el contenido, se lo das tú. 

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