Tu niño interior te dice: ¡No controles!. Porque precisamente el intentar controlarlo todo, provoca que te descontroles. Eres un milagro, completo y perfecto en sí mismo. Y tu perfección, no se mide por lo que controlas, se mide por lo que eres y dejas de controlar. Ahí está tu liberación. El control no te acerca la paz o la felicidad. Si no que te la quita. Acepta las cosas como son y suelta los lastres que no te dejan ser, ni expresarte.

En la entrada anterior, exploré la herida de la HUMILLACIÓN, junto con su disfraz de CRUEL o MASOQUISTA.

Tu niño interior te pide: ¡No seas cruel!.

Como ya he comentado anteriormente, puedes tener más de una herida abierta. Sin embargo, siempre hay una de ellas, que hace más daño que otras. Puedes verte reflejado en los comportamientos repetidos, en los disfraces que empleas para evitar el dolor, o incluso en las características físicas de tu cuerpo.

Puede incluso, que te parezca, que te contradices en algunos casos. Es decir que tus comportamientos cuentan una cosa, pero que en cambio tus disfraces o tu cuerpo, muestran otra bien distinta. La herida predominante, o la más intensa, es precisamente, la que se manifiesta en tu cuerpo. Tu cuerpo no sabe mentir, en cambio tu mente lo hace constantemente. Y no es que tu mente, te quiera hacer daño, si no todo lo contrario, lo que quiere, es evitarte por todos los medios, hacerte sufrir. Por eso te engaña o no te deja ver, lo que ella considera que puede causarte cierto dolor. Así que fíjate bien, primero en,

¿Qué cuenta tu cuerpo de ti?

¿Con qué características físicas te identificas?

Porque esa es tu herida más profunda y la que antes deberías sanar, ya que es la que más te limita. No quiero decir con esto, que el resto de heridas, no sean también importantes, porque sí lo son. Aunque siempre hay que empezar por algún sitio. Y el hecho de comenzar con la herida más dolorosa, te puede facilitar el trabajo con el resto.

Dicho esto, hoy exploraremos la cuarta herida, la herida de la TRAICIÓN, que emplea el disfraz del CONTROLADOR.

Como te sentiste traicionado en tu infancia, no quieres volver a sentirte defraudado, en el resto de etapas. Esta herida tiene que ver con las expectativas incumplidas. Esperabas determinadas cosas de uno de tus progenitores, pero por desgracia, no se dieron. Esto te hizo perder la confianza y cuando esta se pierde, es muy difícil volver a recuperarla. Así que optaste por el disfraz del CONTROLADOR, porque entendiste, que si lo controlabas todo, incluso de lo que de ti no dependía, no volverías a sentirte traicionado.

Esta herida surge entre los dos y los cuatro años de vida. Y es que, ya en aquel entonces, para ti la lealtad y la honestidad, formaban parte de tus valores. La decepción que sufriste por esperar fidelidad, te hizo sentirte traicionado. Dejaste de confiar. Así que aprendiste muy temprano, a depositar esa confianza, en ti mismo. Y la herramienta que empleaste para ello, era controlar todo lo que cayera en tus manos. Por eso tu niño interior te pide: ¡No controles!.

Siempre hago hincapié en lo siguiente, y es que te sentiste traicionado, pero en realidad, nadie quiso traicionarte ni decepcionarte. Eras demasiado pequeño como para expresar lo que era importante para ti. Y desgraciadamente tu progenitor, tampoco supo verlo. El te ofreció lo que pensó, que sería importante. Probablemente lo que te ofreció, fue lo que era importante para él, en su infancia y que tampoco fue satisfecho. Porque como casi siempre suele pasar. Las historias tienden a repetirse y si tú sufriste la herida de la TRAICIÓN, tu progenitor también.

Esta herida se da con el progenitor del sexo contrario. Con el progenitor, o con el tutor que tuvieras en aquel entonces.

”Se necesita mucho Amor para Odiar.»  Un amor que te decepciona, se puede convertir en odio. Y las medicinas que más sanan, son las que están cargadas de amor, no de odio. El amor es el que cura, el odio es tan sólo un muro, que no te deja ver, y detrás de cualquier muro de odio, siempre hay amor.

Las conductas más representativas que forman parte del CARÁCTER y de la PERSONALIDAD de las personas que sufren por la herida de la TRAICIÓN son:

– Detestan tener que cancelar compromisos.

– Difícilmente confían en los demás, a no sé que estos les demuestren que sí pueden hacerlo.

– No muestran su vulnerabilidad.

– Muy buenos comediantes.

– Tiene facilidad para comprender y actuar rápidamente.

– Actúan como actores profesionales para destacar en cualquier entorno.

– Impacientes y bastante intolerantes.

– Convencidos de tener siempre la razón, e intentan convencer a los demás de lo que creen y piensan.

– Estado de ánimo inestable. Fácilmente pasan de una emoción a otra.

– Manejan demasiadas expectativas.

– Pueden mentir fácilmente. No para herir, si no por su tendencia a controlar las cosas.

– Grandes seductores.

– Intentan manipular cuando pierden el control de la situación.

– Les suele costar cumplir con sus compromisos y con sus promesas. Y cuando lo consiguen, les ocasiona un gran esfuerzo.

– Se creen con una responsabilidad fuera de lo común.

– También se creen fuertes e inquebrantables.

– Tienen la necesidad de sentirse especiales e importantes.

– Aunque dicen lo que piensan, se retiran rápidamente de los conflictos.

– Les gusta que les miren.

– Son puntuales. Suelen llegar antes de tiempo.

– Escépticos.

Como ya he comentado en las diferentes heridas anteriores, no tienes porqué verte reflejado en todas las características mencionadas. Con que te identifiques con más de la mitad, será suficiente, para aceptar que sufres de la herida de la TRAICIÓN.

El CUERPO o las características físicas de las personas que sufren de la herida de la TRAICIÓN: Son cuerpos que muestran fuerza y poder. Las mujeres poseen caderas predominantes y en los hombres, lo predominante, son sus hombros y su espalda. Suelen tener el pecho y el vientre abombado. Su mirada es intensa y seductora. Ojos que perciben las cosas que les rodean, rápidamente.

En cuanto a su ALIMENTACIÓN: suelen tener un gran apetito. Añaden sal y especies a las comidas. Saben controlarse cuando están ocupados, aunque cuando no, se descontrolan y pueden excederse sobrealimentándose.

Las ENFERMEDADES que pueden sufrir:

– Agorafobia.

– Calambres u hormigueos.

– Crisis de agitación y malestar.

– Delicado sistema digestivo.

– Inflamaciones varias, enfermedades que contengan «itis» (otitis, amigdalitis, artritis…)

– Herpes bucales.

– Alergias.

Y precisamente por su inconsciente tendencia a controlarlo todo, el que ha sufrido de la herida de la TRAICIÓN, esconde mucho de lo que es y de lo que siente. Lo que oculta bajo su disfraz de CONTROLADOR es:

– Su fuerza le hace brindar seguridad y protección.

– Tiene habilidades de líder.

– Es muy talentoso, sociable y con gran sentido del humor.

– Capta fácilmente el talento de las personas.

– Capaz de manejar varias cosas al mismo tiempo.

– Si se lo propone, completará grandes hazañas.

– Es capaz de ceder completamente.

– Toma decisiones sin vacilar.

Recuerda que tu niño interior te pide: ¡No controles!.

Imagina que sujetas con las manos, todo eso que intentas controlar, pero no puedes. Lo sostienes en diferentes bolsas. Para pasar al siguiente «nivel» , tienes que traspasar un puente que tiene límite de peso. Y es que todo lo que sujetas sobrepasa ese límite. Deseas pasar al siguiente nivel con todas tus fuerzas. Así que no tienes más opción que soltar alguna bolsa.

¿Qué bolsa soltarías primero y que sujeta?

¿Y la segunda?

¿Cuántas bolsas de más crees que sujetas?

Por eso tu niño interior te dice: ¡No controles!, para que pases ligero al siguiente nivel, porque sabe que es lo que quieres y lo que necesitas. Soltar esos lastres que te impiden avanzar.

 

¿Qué te ha parecido esta penúltima herida?

¿Crees que coincide contigo, o con alguien de tu entorno?

Ya sólo nos queda la última herida. Que corresponde a la INJUSTICIA y cuyo disfraz es el del RÍGIDO.

Prepárate para la próxima semana y te recomiendo, que no te la pierdas, porque puede que te sorprenda.

Te pego el enlace del vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=lrhGwUjekxg&t=1s

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