Las malas costumbres, son las huellas de tu pasado. Caminos que una vez, te conducían hacia la libertad. Sin embargo hoy, sólo te conducen hacia ninguna parte. Aunque estás tan acostumbrado a ellos, que no sabes como soltarte. Sus cadenas, te impiden caminar y te anclan al suelo. Te mantienes encadenado a tus hábitos. Aún sabiendo que tus malas costumbres, ya no hablan de ti. 

A pesar de necesitar ciertas rutinas, para enfocar nuestro día a día. Nada es permanente. Porque el cambio es lo único que no cambia. Todas las rutinas que aprendiste en tu niñez, ya no le sirven a tu yo adulto. 

¿O sí?

Acostumbrarte a las costumbres, no te permite crecer. Ya que si no cambias la costumbre, seguirás siendo el mismo que ayer. La rutina se puede volver cansina y aburrida. La novedad en cambio, sólo puede traerte cosas nuevas. No dejes que la incertidumbre, apague el entusiasmo de la sorpresa. Si quieres que tus malas costumbres, ya no hablen de ti, tendrás que colaborar, con la mejora de tu antiguo yo. 

En realidad, ya no eres el mismo que hace un rato, o el mismo que cuando empezaste con ese mal hábito, que tanto daño te hace. Así que lo que te reporta esa costumbre obsoleta, ya no te llena como el primer día que empezaste a practicarla. De hecho, si estás leyendo esto, es muy probable, que más llenarte, te desgaste. Porque ya ni siquiera te identificas con ella. Tu yo de hoy, quiere otra cosa para ti. Aunque quizás lo que aún no te hayas planteado, es qué quieres, para ti. 

«Nada necesita más reforma, que los hábitos de la gente.» 
(Mark Twain) 

Para deshacer o reprogramar una antigua rutina, hay que practicar o programar una nueva tarea.
 
Los malos hábitos, los hay de muchos tipos. Pueden ser costumbres tóxicas como fumar o beber en exceso, aunque también, cualquier práctica que no ceses de repetir, y que te cause malestar, puedes incluirla, dentro de tus malas costumbres. 

Imagina que quieres dejar de fumar.
 
¿Recuerdas por qué empezaste a hacerlo? 

Si empezaste a una edad temprana, quizá fuera, porque el hecho de fumar, te hacía parecer mayor. O a lo mejor, comenzaste como un juego, ya que en cierto modo, pensabas que el cigarro, te aportaba prestigio. Fuera por lo que fuera, por lo que empezaste en su día, seguro que ya hoy, no es una buena razón de peso. Si no más bien, un gran peso, carente de razón. Has tenido que cambiar el motivo, para poder seguir manteniendo el hábito. Lo que demuestra, que si lo vuelves a cambiar, también podrás deshacerte de él.

Las relaciones tóxicas, por ejemplo, también forman parte de los malos hábitos. Y es que al comienzo de dicha relación, lo que esta te aportaba, probablemente tenía sentido. Aunque poco a poco fue degenerando, hasta no aportarte nada. No esperes a recibir lo que te reportaba al principio. Como antes apuntaba, nada es temporal. Además tú ya no eres el mismo, por lo tanto, no necesitas lo mismo. 

Hay veces, que este tipo de insanas relaciones, se encuentran dentro de nuestra propia familia. Es difícil aceptar que un pariente, es tóxico para nuestro bienestar. También podemos aprender mucho de ellos, aunque si lo único que hacen es desgastar nuestra energía y perturbar nuestro estado de ánimo, lo que primero debemos aprender, es a estar sin ellos. 

Recuerda que tus malas costumbres, ya no hablan de ti. Sólo hablan de una parte de tu pasado. Y tú ya no eres tu pasado. No cambies de razón, para poder mantener el hábito. Si cambias  el motivo, que sea para deshacerte de él, no para repetirte. Localiza la llave y despréndete de las cadenas que te anclan al hábito. No permitas que sea tu pasado, quién reine en tu presente. Porque si tu yo real no opera en tu presente, tampoco podrá hacerlo en tu futuro. 

«Un cambio en los malos hábitos, conduce a un cambio de vida.» 
(Jenny Craig) 

Porque tus malas costumbres, ya no hablan de ti.

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