EL REMORDIMIENTO ES COMO EL MORDISCO DE UN PERRO A UNA PIEDRA: UNA TONTERÍA. (F. Nietzsche)

¿Qué es eso del remordimiento?, ¿Qué nos vuelve a morder?, ¿Para qué es útil?

Todo nos es útil. Todo sirve en un entramado concreto. De todo se puede aprender si se sabe cómo.

He de subrayar que cuando Nietzsche se refería a este «tonto» sentimiento, el remordimiento, hablaba del pesar y del malestar que sentía el ser humano en cuanto a su relación con Dios y las creencias religiosas del movimiento cristiano.

En tiempos modernos la cultura nos influye y la sociedad nos presiona a ser fiel a unos cánones establecidos. Somos las muchas partes de un todo que a su vez forman un sistema universal al que todos pertenecemos. Algunas veces lo individual entra en conflicto con las expectativas de lo social y no reconoce lo cultural como propio. Otras veces es la mentada sociedad la que margina y condena al que osa contradecir sus rígidas convicciones. Por si no tuviéramos suficiente con nuestras paradójicas incoherencias, nuestra individualidad. Tenemos que lidiar también con los desacuerdos entre lo individual y lo colectivo. Este es el motivo por el que creo que esta cita puede ser perfectamente extrapolable a cualquier otra experiencia de nuestra vida.

El remordimiento está cargado de culpa y de arrepentimiento. Nos juzgamos como culpables por no cumplir con lo que los demás esperan de nosotros. Nos arrepentimos de nuestro proceder sin cesar de pensar en lo qué pudo haber sido. Decisiones precipitadas que se tornan en pesares crónicos. Conductas meditadas, compuestas por las mejores intenciones que se convierten en malestares redundantes.

¿Qué hacemos cuándo esto nos sucede?, ¿Morder piedras?.

Reconocer tan desalentador sentimiento es el primer paso para poder cambiarlo. Aceptarlo y escuchar su reclamo. Sin embargo no siempre estamos lo suficientemente receptivos para captar sus señales. Algunas veces silenciamos sus lamentos. Otras, ante la imposibilidad de amordazarlo, luchamos contra él sin entender nuestra pronta derrota. Perdidas aseguradas, ya que si batallamos con cualquiera de nuestras diferentes partes, las bajas a renunciar serán
también las nuestras.

¿Te apetece dejar de luchar?

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