El ritmo de vida y nuestros quehaceres diarios rellenan nuestras horas. El simple hecho de poder gestionarlo todo, acorde con nuestro tiempo, provoca un tremendo desgaste de energía.

¿Tienes tiempo para desconectar?

¿Cómo sueles pensar, de manera analítica o por el contrario te dejas llevar por tu intuición?

¿Prefieres tu imaginación?

Tu cerebro también necesita descansar. De hecho cada 90 minutos se produce una desconexión casi imperceptible. Se oxigena para volver con lo que estaba. Para y continúa para ser efectivo. Sin esa oxigenación se saturaría, afectando negativamente a su rendimiento.

Te has fijado alguna vez, ¿cuándo te vienen las mejores ideas?

¿Cuándo a través de la razón intentas contestar los porqués?

¿O en momentos de disfrute y desconexión?

En la ducha, mientras disfrutas de un paseo y su paisaje, cuando escuchas música, mientras creas…

Nuestra sociedad está demasiado familiarizada con el exceso de información. La mayoría de nosotros vivimos pesando, analizando e imaginando lo que pasó y podría pasar. Sin tener demasiado en cuenta el tiempo real. Sin disfrutar de lo que verdaderamente importa. El presente es el único que te puede ayudar a crear tu camino futuro. Es cierto que nuestro pasado puede decir algo de lo que en su día fuimos, pero si ya no somos…

¿Para qué regresas?

¿Tu cuerpo necesita vacaciones?

Cómo tu cerebro. Quizás sea tu cerebro el que fuerce al cuerpo y le conveza para que se coja esas vacaciones. Aprende a relajarte, deja de analizarlo todo, simplemente obsérvalo con curiosidad y disfruta del aprendizaje. Aprende a parar y a oxigenarte. Tus ideas, tus conclusiones y tus decisiones te lo agradecerán. Aprende a estar aquí.

¿Y tú, dónde estás?

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